

Cada persona vive un duelo a su manera. Algunas se sienten superadas, arrasadas, y se lanzan a los narcóticos. Otras postean su dolor en redes, persiguiendo empatía, consuelo o atención. Hay gente que niega los hechos y así, entre gestiones con médicos, bancos y funerarias, van atravesando sus días con sus noches. Existen muchos tipos de duelo, ya digo, tantos como puedas imaginar y más.
Guille Galván, guitarrista y pieza creativa esencial de Vetusta Morla, se vio el año pasado despidiendo a su padre. El proceso supuso un tiempo de hospital y esperas y así, mientras una luz se apagaba, un disco iba naciendo. “Al principio, cuando comencé a escribir, pensé que iba a ser un poemario sobre la manera en la que me relacionaba con la pérdida y el dolor”, explica el autor. “Pero luego me di cuenta de que aquello no estaba ayudándome. Esa introspección podría ser válida compartiéndola como música. Me ayuda pensar que unas cosas pueden convertirse en otras, y que en eso puede haber cierta belleza”.
Nadie con ese nombre vive aquí, el primer disco de Guille Galván como cantautor, con su propia voz, se publicó en mayo de 2026. El repertorio original de hospital fue enriqueciéndose con otros temas que no hablan de pérdida, que no aluden al padre, sino al anillo cercano: los hijos, la pareja, la familia, las personas que están ahí. La obra, celebrada enseguida por la crítica, supone el regreso de Galván a la esencia de la canción y al cuerpo a cuerpo; un bofetón de honestidad en un mundo distraído con el meme y las sillas flauta.
Vídeo de “Los motivos”, con Irene Escolar y Fernando Delgado-Hierro
Por supuesto, el grueso del disco fue compuesto en un momento sensible e íntimo, pero el modo en el que decidiste grabarlo es muy significativo: contra el exceso o la extravagancia, propones un concepto espartano.
Sí. Siendo la primera vez que cantaba, hacerlo con banda hubiera sido un entorno más controlado. Pero tenía la sensación de que debía buscar qué voz necesitaba cada canción y en qué lugar debía ponerme yo como cantante. Y para eso tenía que hacerlo a guitarra y voz, como cantándole a alguien en mi habitación. Me impuse una limitación: al grabar a la vez guitarra y voz, no se podían dividir las pistas. Desde el principio fui viendo una serie de limitaciones que me resultaban interesantes para el proceso, que podría ser más arriesgado o divertido, pero además tenía la impresión de que esas limitaciones iban a definir al propio disco y su relato. Venía, también, de una gira larga con el grupo: muchos conciertos, muchos viajes. Y tenía la necesidad de relacionarme con la música de otra forma. Cuantos menos aparatos hubiera, más a gusto estaba. Cuanta menos gente, más a gusto también. Al final acabé grabándolo todo con mis manos y una guitarra acústica. Solo hay una eléctrica en todo el disco.
En esa primera fase de la grabación todo era muy orgánico. Y solo te acompañaba Héctor García (Héctor G. Fazzo), ingeniero y coproductor.
Sí, pero luego el disco se fue abriendo a arreglos más abstractos que me resultaron interesantes como contraste.
Cualquier persona que te haya seguido con Vetusta Morla escuchará las melodías y también las armonías de “Los motivos” o de “No me dejes quieto” y claramente identificará tu huella. Pero la forma de tratar las canciones es muy distinta: no hay una arquitectura musical incluso épica, como puede ocurrir a veces en Vetusta Morla, sino que la épica aquí está en el proceso, en conseguir impacto emocional desde lo esencial.
El disco está cantado de una manera que, más que músculo, requería precisión y cuidado. Cuando hablábamos de ritmos, yo les decía que pensáramos en pulso. Lo que introduzcas de percusión te lleva los discos al cajón del folk, de la electrónica… Yo quería trabajar con cuidado el acompañamiento proteico. Para coproducir confié en gente con la que ya había trabajado, como en el caso de Campi [Carles Campón], y en otra gente a la que había seguido y de la que me fiaba mucho, como David Soler y Marcel Bagés en Barcelona, y Pablo [Martín Jones]. Luego en la mezcla entró [Carlos] Raya, con quien ya había trabajado también.
GUILLE GALVÁN

Galván, tercero desde la izquierda, con Vetusta Morla
Nacido en Madrid en 1980, es guitarrista, compositor, letrista y uno de los principales arquitectos creativos de Vetusta Morla, grupo capital en la música española de este siglo. Como coautor y músico, su participación ha sido decisiva en álbumes como Un día en el mundo (2008), Mapas (2011), La deriva (2014), Mismo sitio, distinto lugar (2017), Cable a tierra (2021) y Figurantes (2024).
Además, Galván ha desarrollado una intensa actividad como poeta y compositor de bandas sonoras para cine, televisión o videojuegos. Entre sus trabajos más destacados figura la música del documental Madrid, Ext. (Juan Cavestany, 2025) y otras varias colaboraciones audiovisuales en coautoría.
Nadie con ese nombre vive aquí (2026) es su debut discográfico como cantante.
ALGO BONITO DESDE LO FEO

Guille Galván en un descansillo de Vetusta Morla, literal
Vamos al turrón: uno puede hacer canciones por mil motivos, y probablemente el más honesto es porque no puede evitarlo. De un duelo y una pérdida salió Nadie con ese nombre vive aquí. “Es un disco que difícilmente se puede separar de mi vida personal”, asume el autor. “Es el más cercano a mi experiencia de todo lo que he hecho. Y para mí el proceso vital y la construcción del disco, incluyendo cantar, que me obligó a pegarme a las canciones de un modo nuevo, porque nunca lo había hecho, pues quiero pensar que ha sido el paraguas que me ha ayudado a no venirme abajo e incluso a sacar algo bonito de una situación fea.
¿Cómo te encuentras ahora que lo has soltado?
Yo ahora estoy orgulloso.
¿Llegó a escuchar tu padre alguna de las canciones?
Sí. Escuchó entero todo el bloque que grabé antes del verano de 2025. Todas las canciones a guitarra y voz, con los coros y algún arreglito más. antes de meterles mano los demás. Lo escuchó cinco o seis días antes de fallecer. De todos modos, es un disco que habla de muchas cosas, no es temático, ni mucho menos. En ocasiones así, de pérdida, pones en valor a todo el que te rodea. No solo al que se va, sino a quien ha cuidado de él, a quien ha dado soporte. A mi madre, a mi hermana, a los que estamos.
También hay una canción estimulada por tus hijos: “Túnel de la M-30”.
Sí, hay un enlace entre todos los que estábamos cerca. Cuando decidí cantarlo yo, me quité pudores que hubiera tenido escribiendo para Vetusta. Hay ciertas cosas que, si las escribes, es para cantarlas tú.
“La mirada al mundo sin saber dónde estás tú, ni lo que puedes aportar, ni el cuidado de tu gente más cercana, tal como está todo ahora es una mirada que asfixia, que solo genera angustia”
Hablemos de lo confesional. A veces, la honestidad y los autocuidados son pretextos para el ego. Uno ya no sabe qué es lo correcto, si mostrarse o esconderse. ¿A ti esto te ha generado dudas?
Siempre he mantenido mi vida privada al margen de todo. A veces, en este proceso del disco, me he preguntado si estaba contando demasiado y por qué. Pero pienso que ahora mismo estoy contando lo necesario para entender lo que he hecho, no para entenderme a mí, ni entro en ningún tipo de detalle íntimo. Es verdad que esto de los autocuidados, conectar contigo mismo y todas estas paparruchas generan una exigencia propia: encima de que estás pasando un período horrible, tienes que ser productivo y conectar y contarlo y, si no estás conectado, algo estás haciendo mal. Creo que deberíamos pensar qué es estar conectado con uno mismo y quién lo decide. Hay quien está conectado contemplando, escuchando, acompañando, y quien se conecta haciendo una canción, y quien lo hace desmarcándose de todo… No sé. Este yo, yo, yo para todo y todo el rato, tanto para lo capitalista como para lo espiritual, al final lo lleva todo al mismo sitio.
En este disco cantas: «Sabe la rama del olivo que hoy caen bombas con su bendición». Por supuesto eres una persona implicada. Entonces, ¿en qué fase estás actualmente con el mundo? ¿Eres positivo con respecto al futuro colectivo de nuestra especie o prefieres centrarte ahora en lo pequeño y en las personas?
La mirada al mundo sin saber dónde estás tú, ni lo que puedes aportar, ni el cuidado de tu gente más cercana, tal como está todo ahora es una mirada que asfixia, que solo genera angustia. Pero mirar para dentro sin importarte lo que sucede fuera es narcisismo puro. Creo que debe haber un equilibrio. Quizá en este disco, por las circunstancias que me rodeaban, he tenido que hacer un ejercicio de mirada cercana, pero incluso así está en un contexto. Creo que las canciones, los discos o las obras de arte no están completos sin sus contextos, y nuestro contexto actual es devastador, con genocidios, guerras… Me parecía importante que, incluso en un disco tan íntimo, se colara el mundo en algunos momentos. Como en los versos que has mencionado de “Los motivos”; por ahí se cuela esa sensación general de colapso y de necesidad de ver arder lo que sea porque no aguantamos más.
¡OIGA, MINISTRO!

Guille, justo al escuchar el arreglo de cuerdas de “Pulso y belleza”
Hablemos por un minuto de arreglos y producción. Decimos que este es un disco de menos es más, pero hay algunos trucos que elevan el nivel de atención. Uno es la intensidad contenida de “La botella”, que parece que va a estallar y lo bonito es que no lo hace, o quizá estalla hacia dentro. Otro momento delicatessen son las cuerdas entrecruzadas en “Pulso y belleza”, llegando a los tres minutos, cuando la canción ya parecía amortizada.
La estructura de todo el repertorio se grabó en quince días, pero los arreglos de algunas canciones tardaron meses. “Como no había fecha de salida y apenas nadie sabía que estaba haciendo un disco, pues las cosas estuvieron cuando estuvieron”, resume Galván. “Y me alegro mucho de que haya sido así, porque en una producción normal no hubiera habido un arreglo de cuerdas como el que mencionas, que ha sido una suerte para el disco y para mí”.
Sobre “Pulso y belleza”, el autor explica que iba a ser el tema de cierre: “Si antes te decía que el disco era alguien cantando en una habitación, la última parte de esa canción era como si ese alguien se fuese de la habitación y apareciesen los títulos de crédito”. Pero entonces llegó el arreglo de cuerdas de Soler y Bagés y todo cambió: “Me pareció tan especial que lo pensé de nuevo, añadí más voces, y creí que aportaría algo en mitad del disco, como dividiendo las dos caras. El proceso fue realmente hermoso”.
Ni por un momento dudamos de Guille Galván
A la presentación de Nadie con ese nombre vive aquí, en la sala Sol (Madrid), asistió Ernest Urtasun. Aprovechando entonces que os tenéis en el whatsapp, ¿qué podemos pedirle al ministro de Cultura de España?
Bueno, yo al ministro no lo tengo en el whatsapp [ríe]. Pero yo le pediría que se protegiera a las salas de música. Creo que son el germen de casi todo y el lugar por el que debería pasar la mayoría de la gente, tanto los artistas como el público. Vivimos en un momento en el que parece que lo único que existe son los grandes aforos y festivales, y normalizamos esa macroconvocatoria como algo habitual cuando realmente es algo extraordinario. Y la mayor parte de la gente que se abre camino en la música tiene que tocar en sitios a los que un día van ocho, otro día van quince y otro quizá treinta. Me gustaría que eso tenga su apoyo y que no se viva como que eres menos o más, sino que tienes tu espacio igual de armado y consolidado que los que hacen conciertos para cuarenta mil.
Precisamente, Vetusta Morla se crio en los bares, luego todo se disparó. En paralelo fue creciendo una escena con sus estándares, pero vosotros no habéis abandonado vuestra excepcionalidad. Es muy infrecuente: habéis ayudado a crear una escena sin dejar de distinguiros de ella.
Te lo agradezco. Sí, siempre hemos intentado tener nuestros propios espacios, tanto artísticos como físicos. Es difícil cuando te diriges a audiencias grandes, porque tienes que usar los canales que hay. Pero nuestra última gira por el momento terminó en salas: La Riviera, Razzmatazz… Siempre tenemos la necesidad de volver a lugares más controlados, porque en sitios grandes o pequeños te relacionas con el público de maneras diferentes. Nosotros podemos hacer distintos aforos, según la gira o el año, y eso es un privilegio. Y ahora yo lo reduzco más todavía, porque, si presento este disco en directo, será en lugares más íntimos y donde la gente pueda estar concentrada en lo que está pasando.
¿Y lo harás? ¿Habrá conciertos de Guille Galván en solitario?
Sé que suena a tópico, pero a mí el disco ya me ha dado lo que me tenía que dar y ahora empiezo a sentirme con capacidad para plantearme hacerlo en directo. Sé que cada cual tiene sus pasos y a mí me gusta pisar donde sé que voy a estar firme. Defender canciones en directo, a guitarra y voz, es otra peli y le tengo mucho respeto. Creo que podré encontrar la manera de hacerlo. Y quiero hacerlo. Sin embargo, después del verano haremos la gira de Vetusta Morla y hasta finales de noviembre no quiero ni pensar en nada más. Cuando ocurra, será con garantías de disfrute; de lo contrario no tendría sentido.
VETUSTA MORLA
‘GIRA DE VUELTA / CANCIONES DE IDA’
Barcelona (Palau Sant Jordi, 2 de octubre), Valencia (Roig Arena, 9 de octubre), Pamplona (Navarra Arena, 24 de octubre), Málaga (Auditorio Municipal Cortijo de Torres, 31 de octubre), A Coruña (Coliseum, 6 y 7 de noviembre), Sevilla (Live Sur Stadium, 14 de noviembre), Madrid (Movistar Arena, 19, 20 y 21 de noviembre).
Fotografías
Jerónimo Álvarez
Enlaces
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III PREMIOS DE LA ACADEMIA DE LA MÚSICA

Joan Manuel Serrat recogió el Premio de Honor
La Academia de la Música de España celebró la III edición de sus premios con el apoyo de SGAE/Fundación SGAE y Comunidad de Madrid, entre otras entidades. En la gala, televisada en directo el 26 de mayo y presentada por Leonor Watling, se homenajeó a Joan Manuel Serrat con el Premio de Honor. El mayor número de galardones fueron para Rosalía (8), Leiva (4) y Lia Kali (3); se honró la memoria de los desaparecidos Robe Iniesta y Jorge Ilegal y entre los artistas que actuaron estuvieron Amaral, Luz Casal, Xoel López, Riqueni, Lela Soto, Walls, Ultraligera, Juanma Montoya, Pedro Guerra, Janus Lester, Tanxugueiras y Figa Flawas.