A MI BOLA

LORENA NOGAL

La coreógrafa e intérprete llega a Madrid y Barcelona con ‘La protagonista’, su primer solo de danza de gran formato

POR PABLO GIRALDO

Suena a profecía contra la que rebelarse, a chascarrillo que uno inventaría para agrandar una carrera, pero a veces la vida encuentra la manera de demostrar su peculiar sentido del humor: cuenta la leyenda que, en su época de estudiante, Lorena Nogal (Barcelona, 1982) suspendió las pruebas de acceso al Institut del Teatre de Barcelona con un cero rotundo. “No cuenta la leyenda, es una realidad”, corrige. “Tenía que examinarme de varias asignaturas: música, castañuelas, danza clásica, danza contemporánea, danza creativa... Me pusieron un cero de media, es fuerte”, recuerda ahora entre risas. Le explicaron que había habido un error en las listas, pero cuando las rectificaron, su cero, como el dinosaurio de Monterroso, aún seguía ahí. Digerido el golpe (más duro para su madre que para la Lorena de 12 años aspirante a bailarina) y tras pasar todo un verano con clases diarias de danza, consiguió reengancharse en septiembre.


Treinta años después, con una solvente trayectoria íntimamente ligada a La Veronal (quizá, la compañía privada española de danza contemporánea con mayor proyección) y con el Premio Nacional de Danza 2024 como giro definitivo del guion de su carrera, Nogal se prepara para presentar La protagonista, su primer solo de danza contemporánea de gran formato. El estreno absoluto podrá verse los días 26 y 27 de junio en el Centro Danza Matadero de Madrid; luego viajará al Mercat de les Flors de Barcelona, dentro de la programación del Grec, los días 10 y 11 de julio.


Hace tiempo que Nogal coquetea con los solos performativos: primero con su pieza breve de 15 minutos El elogio de la fisura (2021), un homenaje a la imperfección; y más tarde con Picassa (2025), obra site specific de mediano formato pensada para espacios museísticos e inspirada en la herencia cubista. Pero es con La protagonista cuando formaliza, ahora sí, su asalto en solitario a los grandes escenarios como intérprete y coreógrafa.


Vista en perspectiva, la anécdota de su accidentado ingreso en el Institut del Teatre (allí forjó vínculos con compañeros del gremio que perduran en la actualidad) puede interpretarse como un acto de resistencia, como metáfora del viaje del antihéroe, como lección que conviene no olvidar. “Me sirve para explicar que las cosas se consiguen poco a poco, que los pasos son muy lentos y que cada uno necesita sus tiempos”, cuenta.

Lorena imaginando (de perfil) el estreno de La protagonista

Tu primer contacto con el baile fue a través de las sevillanas. Sin embargo, has desarrollado tu carrera en la danza contemporánea.

Yo tenía clarísimo que quería bailar sevillanas. Me gustaba mucho la danza española y eso me ha acompañado a lo largo de mi trayectoria. Hay algo de la vibración, el ritmo, la rapidez y la fuerza que no está tan alejado de la manera que yo entiendo el movimiento. Mi hermana [Marta Nogal] hace danza española, siempre ha estado muy presente en mi casa y en mi vida. Pero hice la base de danza clásica y, cuando empiezas a elegir especialidad, yo me veía más en la danza contemporánea.


Te enfrentas ahora a tu primer solo de danza en sala y, en paralelo, continúas de gira internacional con cuatro espectáculos de gran formato de La Veronal: La mort i la primavera (2025), Sonoma (2020), Totentanz (2023) y Firmamento (2017). ¿Cómo es tu relación con ambos formatos?

En La Veronal eres una pieza de un engranaje muchísimo mayor, mientras que aquí el foco está todo el rato en ti, por lo que la presencia tiene que ser mucho más constante y trabajada. Pero es algo complementario, incluso orgánico. Una cosa ocurre porque ha ocurrido la otra y me parece bonito que el solo haya surgido ahora de manera tan natural.


¿En qué te has inspirado para La protagonista?

Me gustaría llevar a un espacio de sala, en un formato más grande, algo que es recurrente en mi trabajo y que llevo desarrollando tiempo: los procesos de transformación. El elogio de la fisura giraba en torno a la identidad y Picassa hablaba de la plasticidad, de cómo puedes manipular el cuerpo. La protagonista propone un espacio mucho más amplio, casi filosófico, sobre aquello que ha sido heredado, que te identifica y cómo puedes tener la capacidad de mutarlo, cambiar la mirada y descodificar los patrones. La idea es crear un ecosistema vivo, con todas sus capas, y ver cómo el vestuario puede convertirse en escenografía y cómo la escenografía puede afectar directamente a la intérprete, tanto a nivel emocional como físico. No lo concibo como una pieza de danza, sino como un monólogo bailado que habla de mí, pero también de algo universal donde todos nos podemos reconocer.

“Me cuestiono muchos fundamentos vitales y cómo afrontar cosas simples, como la presencia escénica, la acción, la actividad…”

¿Qué sensaciones te acompañan durante el proceso de creación?

Me cuestiono muchos fundamentos vitales y cómo afrontar cosas simples, como la presencia escénica, la acción, la actividad… Todo eso lo vamos analizando para desarrollarlo e interconectarlo. Al final, es un espacio casi meditativo, de sanación.


Has definido El elogio de la fisura y Picassa como dos piezas que transformaron tu manera de ver la creación. ¿Por qué?

El elogio de la fisura surgió después de generar unos códigos concretos, muy laberínticos y arquitectónicos, para La Veronal. De repente, tenía la necesidad de encontrar algo más honesto y personal, lleno de fugas, que fuera como una conversación. Poco a poco empecé a entender cuáles eran las pausas, los ritmos, las cadencias y la respiración que yo utilizaba de manera orgánica. Supuso empezar a romper esos códigos que conocía. Lógicamente, yo me muevo así porque he desarrollado toda mi carrera en la compañía y la disociación me acompañará siempre, pero necesitaba encontrar mi área personal, mi espacio y mi voz. Y fue ahí donde empezó a salir una textura más silenciosa, fuerte, contrastada, pero delicada. Con Picassa había un diálogo constante entre creadora y creación, una disección de esas dos facetas donde todo es posibilidad. Es maravilloso probar caminos que te llevan a lugares mucho más interesantes, honestos, originales y cubistas.

NOGAL Y LA VERONAL

Totentanz tiene todo lo que nos importa: danza y espiritismo

La trayectoria de Lorena Nogal es indisociable de La Veronal, la compañía creada por el coreógrafo y director Marcos Morau y a cuyo sello y lenguaje ha contribuido ella significativamente. Ambos se conocieron en 2008, cuando, aún como estudiantes, participaban en el Certamen Coreográfico de Salt (Girona). Lejos de traducirse en rivalidad (él consiguió el primer premio y ella el segundo), aquella competición propició una amistad que les ha llevado a trabajar juntos desde entonces. “Hubo un enamoramiento entre los dos. A mí me pareció increíble cómo Marcos utilizaba toda la escena, no solamente el movimiento, sino la plástica y la sonoridad. Y a él le interesó toda mi parte física del movimiento”, rememora. “A partir de ahí, empezamos a colaborar y a ensayar Suècia [2008], la primera pieza del decálogo de países de La Veronal”.


Esa próspera conexión va camino de alcanzar los 20 años, con La Veronal posicionada internacionalmente como una de las mejores compañías de danza contemporánea y con Nogal depurando el estilo de la formación y liderando el elenco de la gran mayoría de sus producciones. Da miedo decirlo, pero te das cuenta de cuánto se ha podido desarrollar el lenguaje coreográfico de la compañía, entender la búsqueda de movimiento y formar este engranaje tan grande que es ahora La Veronal”.


Morau, además, acostumbra a firmar sus coreografías en colaboración permanente con los bailarines, diluyendo cada vez más la rígida frontera que separa al creador de los intérpretes. “Ocurre ya en muchas compañías, sobre todo europeas. Hoy en día, es inevitable que los intérpretes sean también creadores. Es cierto que el grado de libertad te lo debe dar siempre la otra persona, que es quien dirige, pero el ofrecimiento de los intérpretes es del cien por cien y, en muchos casos, son coreógrafos junto con el director”, explica. “Porque no es solamente ejecutar, la palabra interpretación tiene una connotación que conlleva muchas otras cosas: lecturas, referentes, códigos…”

Afanador, un hit total para Lorena y para el BNE

Nogal es también una de las mentes creativas detrás del fenómeno más relevante de los últimos años en el mundo de la danza española: Afanador, la creación de Marcos Morau para el Ballet Nacional de España que consiguió cinco Premios Max 2025, entre ellos, mejor espectáculo de danza y mejor dirección de escena. Un éxito inusitado, aún de gira internacional, que ha generado nuevos públicos y que ha situado a la danza española en un plano de exposición pública pocas veces visto. ¿Cómo se explica este éxito? “Creo que se produjo un match muy bonito entre el flamenco, la danza española, el imaginario de Ruven Afanador y el universo de Marcos Morau y La Veronal”, cuenta Nogal. “Fue un encuentro perfecto y equilibrado que generó una plasticidad brutal y, a nivel técnico, es muy virtuosa para los intérpretes. Descomponer los patrones de la danza española hacia nuestro estilo fue un reto y un regalo”.

‘LA PROTAGONISTA’ Y LA CONEXIÓN GUASCH

Lorena tiene su propio fotomatón

En Picassa, Lorena Nogal incorporaba la tecnología en su puesta en escena. ¿En qué elementos se apoyará La protagonista? “Estamos volviendo al núcleo de las cosas”, dice ella, “trabajando con el imaginario de elementos primarios, orgánicos, con los que vamos a jugar y manipular el cuerpo, la escena y el espacio. Me apoyo en textos, porque me apetece mucho trabajar la palabra, la voz y el sonido, tanto con el escritor Pol Guasch como con el músico Rafa Heredia, que es un percusionista maravilloso, y ver cómo suena el cuerpo como materia”.


¿Qué es lo que más te interesa del universo literario de Pol Guasch?

Con Pol había colaborado en una ocasión, él recitaba unas cartas que me inspiraban imaginarios para generar movimientos. Hubo una conexión muy bonita entre movimiento y palabra y tenía muy claro que quería contar con él. Pol tiene unas bases muy arraigadas y, al mismo tiempo, una contemporaneidad latente. A él le apetecía muchísimo hacer algo escénico después de haber escrito su último libro. Y ha sido muy bonito, porque lo primero que me dijo es que escribiera yo, que quería conocer qué palabras usaba yo primero para generar un espacio muy íntimo desde mi cuerpo y mi imaginario.

“El Premio Nacional de Danza no ha cambiado nada en concreto, pero es verdad que he notado un empujón por parte de las instituciones y los teatros, que parecen decirte que ahora es el momento”

Formas parte del Hotel Col·lectiu Escènic. ¿Cómo surgió esta agrupación artística?

Es un proyecto a medida de cinco creadores, que también somos intérpretes, y en el que invitamos a creadores de otras disciplinas a trabajar con nosotros durante un periodo de tiempo para generar una pieza. El proyecto nació en 2018 de la mano de compañeros del Institut del Teatre que hemos ido labrando trayectorias diferentes. Hubo un momento en el que identificamos el deseo de trabajar con creadores que respondieran a nuestras necesidades concretas en un determinado momento de nuestra carrera. Porque, a veces, necesitas ser más ejecutor, otras necesitas entrar en el ámbito de la creación, la improvisación, la composición, la dramaturgia o la dirección de escena. Siempre somos los mismos intérpretes, pero el director y los colaboradores van cambiando. Por aquí han pasado gente del cine, como Alejo Levis; del teatro, como Jordi Oriol; o de la danza, como Lisi Estarás o Quim Bigas.


¿Qué ha cambiado el Premio Nacional de Danza que te concedieron en 2024 en la modalidad de interpretación? Si es que algo ha cambiado…

No ha cambiado nada en concreto, pero es verdad que he notado un empujón por parte de las instituciones y los teatros, que parecen decirte que ahora es el momento. ¿Sabes cuando caen las cosas por su propio peso? Yo lo sentí un poco así, como que necesitaba ese reto, esa exposición, pero desde un lugar honesto, sin nada que demostrar.

Firma invitada

Pablo Giraldo (Avilés, 1985) es periodista cultural, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y La Sapienza de Roma. Es colaborador habitual de la revista Vanity Fair y ha escrito para medios como Shangay, JotDown, RBA, S Moda o El Español, entre otros. También ha trabajado para festivales de artes escénicas como Madrid en Danza y Festival de Otoño y ha sido director de comunicación del Teatro Kamikaze.


En Cultura Revista SGAE nº18 tuvo una grata charla con Fernanda Orazi. Puedes recordarla aquí

Fotografías

Nia Delfau (La protagonista, fotomatón)

Manuel Rodríguez (retrato de perfil, portada)

Albert Pons (Totentanz)

Enlaces


Lorena Nogal

Centro Danza Matadero

Festival Grec

La Veronal

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

PREMIOS MAX 2026

Uno de los momentos más pintones en la reciente gala de los Max (Foto: Sergio Albert)

Los Premios Max de las Artes Escénicas, organizados por la Fundación SGAE, celebraron su 29ª edición en el Teatro Romano de Mérida el 1 de junio. Desde luego, fue una gala diferente en un marco espectacular. Victoria Szpunberg y Albert Pijuan salieron felices con su premio a la Mejor autoría por La tercera fuga (TNC), que también recibió manzanas a Mejor elenco y Mejor actor. Lo mismo Irene Tena, distinguida como Mejor intérprete femenina de danza, Mejor coreografía (con Albert Hernández) y Mejor espectáculo de danza por No (La Venidera, Centro Danza Matadero-Madrid Destino, Cultura, Turismo y Negocio, Festival Grec y Fira Mediterrània de Manresa). El productor Jesús Cimarro recogió el Max de Honor y, al final de la noche, 1936 (CDN-INAEM, Checkin Producciones y El Terrat), recibió el premio a Mejor espectáculo de teatro.


Recuerda que la 30ª edición de los Max tomará cuerpo en Vigo el 3 de mayo de 2027. Hasta entonces, puedes consultar todo sobre estos premios clicando aquí.


Si quieres saber más de La tercera fuga, recupera aquí el reportaje con Victoria Szpunberg en Cultura Revista SGAE