

Victoria Szpunberg (Buenos Aires, 1973) no para. Dramaturga y directora, a caballo entre las carteleras de Barcelona y Madrid, su nombre resuena ya como un huracán, el resultado de más de 25 años de carrera ininterrumpida: “Es curioso: trabajar mucho lo he hecho toda la vida, pero poder ocupar lugares con más visibilidad no me ha pasado siempre.” Szpunberg es una todoterreno del teatro que ha tenido que lidiar con mil y una complejidades: “He picado mucha piedra, vengo de haber hecho teatro minoritario, de haber autogestionado mis obras, de haber superado un montón de obstáculos. Ahora mismo me enganchas en unos meses donde curiosamente se han juntado los estrenos de dos obras de nueva creación: Vulcano en Madrid [Teatro Valle-Inclán hasta el 13 de abril] y La tercera fuga en laSala Gran del Teatre Nacional de Catalunya, con mi texto y dirección [24 de abril a 1 de junio]. Esto no es moco de pavo, es una cosa muy exigente que no pasa todos los días”.
La pregunta, pues, parece obligada: ¿Cómo gestionas tu libertad creativa dentro de estos diferentes contextos de producción? “Si no conecto al menos con una sensación ni que sea utópica de libertad individual, no puedo hacerlo. Si no es así, me cuesta mucho que la obra que estoy haciendo tenga sentido. Por ejemplo, El peso de un cuerpo [2022], que se hizo en el TNC y en el CDN, es una obra que surgió de una necesidad vital, casi te diría catártica, de canalizar el dolor de los últimos días de mi padre, de su enfermedad y de su muerte”.
Justo antes de publicarse este número, Szpunberg acaba de recoger el galardón al mejor texto en los Premis de la Crítica 2025 por L’imperatiu categòric, que regresa a escena el próximo mes de junio.
EL PODER DEL RELATO

Vulcano es una creación Szpunberg-Jiménez
Vulcano juega en parte con los mecanismos del suspense para cuestionar la naturaleza del relato y de lo que es verdad. ¿Qué te interesaba explorar a nivel dramatúrgico?
A veces las decisiones dramatúrgicas responden a un deseo circunstancial o casi aleatorio. A mí me gustan mucho la literatura y el audiovisual de género criminal y tenía ganas de experimentarlo en teatro, que es muy difícil, porque pide una dosificación del suspense que en la escena teatral es más difícil de hacer. Con Andrea Jiménez [directora del espectáculo] hace tiempo que hablábamos de las víctimas, los culpables, los traumas, sobre qué quiere decir hacer el mal, sobre cómo representarlo y también sobre el tema del relato.
En una entrevista decías que dirigir tus propias obras te permite no solo un mayor control artístico, sino tener una estabilidad económica en un sector precario. ¿El futuro de la dramaturgia pasa por asumir roles más transversales, también dentro de la creación teatral?
Esto es relativo. Es decir, ahora mismo, el director cobra mucho más dinero que el dramaturgo en nuestro ecosistema teatral. Dirigir la obra te permite, de alguna manera, tener un sueldo más digno. Esto es una razón. Ahora, si yo me sintiera incapaz o lo pasara fatal, no lo haría. Esto es evidente. Me lancé a dirigir porque quizás tengo una edad y una trayectoria donde ya he hecho mucho teatro y ya me sentía capaz, porque dirigir es un oficio. Me he ido animando, y ahora mismo me siento bien, me siento muy bien. También te digo, es una experiencia muy bonita cuando alguien a quien admiro dirige mi texto y hace cosas que yo sería incapaz de hacer, y además lo entiende y lo respeta. Es muy gratificante trabajar con gente sensible e inteligente.
¿Estamos hablando de personas como Andrea Jiménez, directora en Mal de coraçon y Vulcano?
El encuentro con Andrea a mí me estimula especialmente, porque es alguien de otra generación, que tiene una formación diferente a la mía, que viene de un teatro que yo cuando era joven no pude hacer. Viene de haberse formado en la técnica Lecoq en Londres y de un mundo que para mí es diferente, pero a la vez tenemos muchos puntos de conexión. Ella es una tía muy inteligente y yo soy una persona muy obsesiva, todo el mundo que ha trabajado conmigo lo sabe. No tengo límite y ella es de las pocas que he encontrado que es igual o más neurótica que yo, alguien que realmente nunca se cansa de buscar.

Para saber más de la obra y circunstancias de Andrea Jiménez, incluyendo también su trabajo con Victoria Szpunberg, echa un ojo a nuestro reportaje Mayorga & Jiménez en este mismo número de Cultura Revista SGAE
La tercera fuga llega al Teatre Nacional de Catalunya el 24 de abril. Parte, en cierta medida, de la historia de tu familia y su periplo migratorio. ¿Cómo ha sido el proceso de escribir una obra que surge de un material tan personal? ¿En qué momento una historia particular se eleva y se convierte en universal?
No he hecho una obra en la que aparezca el yo directamente, en plan, soy Victoria Szpunberg, esta es mi historia. Esto no, pero sí que es cierto que realmente la historia de mi familia está llena de peripecias: empieza en Europa, va hacia Latinoamérica, vuelve a Europa… Ya había hecho otras obras más íntimas, más experimentales, sobre la historia de mi familia y la dictadura argentina, que es lo que hizo que mis padres se tuvieran que exiliar de Buenos Aires conmigo cuando era pequeña. Pensé que sería interesante ir más atrás, porque podía empezar en 1922, que es la época en que mi abuelo dejó Ucrania con los pogromos, y podía acabar en 2022 con la guerra que hay en este mismo país.
Empecé a planificarlo, y muy pronto me di cuenta de que necesitaba un cómplice para poder distanciarme y para permitirme fabular, mezclar esto con la historia de otros amigos o gente que conozco, o cosas que he leído, para generar un híbrido entre mi experiencia y la posibilidad de imaginar. En este sentido, le pedí colaboración a Albert Pijuán, una persona inteligente que me estimula mucho.
VICTORIA SZPUNBERG

Szpunberg y un ejemplo de plano nadir
Nacida en Buenos Aires en 1973, es dramaturga, directora y docente. Su carrera comenzó en el año 2000, cuando fue invitada a la Residencia Internacional del Royal Court Theatre. Desde entonces, sus textos se han estrenado en teatros y festivales nacionales e internacionales y han sido traducidos a más de diez idiomas.
Además de su labor como autora, ha trabajado en dramaturgias, adaptaciones, dirección teatral y proyectos de teatro y educación. En 2013 recibió el premio Max a la autoría teatral en catalán. En 2019 fue autora residente de la Sala Beckett con Amor mundi (Festival Grec) y obtuvo la beca del VII Laboratorio de Escritura Teatral de la Fundación SGAE para escribir Tu hija. En 2022 estrenó el libreto de ópera La gata perduda (Gran Teatre del Liceu), galardonado con el Premio Max al Mejor Espectáculo Musical o Lírico, el Premio Serra d’Or y el Premio Teatre Barcelona. Ese mismo año dirigió su texto El peso de un cuerpo (TNC y CDN). En 2024 ganó el premio Ciutat de Barcelona en artes escénicas y el premio Time Out a mejor creadora. Además, L’imperatiu categòric (2024) ha sido galardonado como mejor texto en los Premis Butaca y en los Premis de la Crítica. En 2025 tiene un doble estreno: Vulcano (CDN) y La tercera fuga (TNC).
EL SENTIDO, EL MISTERIO Y LA EMOCIÓN

L’imperatiu categòric, de Victoria Szpunberg, regresa al Teatre Lliure de Barcelona del 4 al 22 de junio
¿Qué papel juega el teatro en la construcción de una memoria colectiva en tiempos de crisis migratorias y de relatos fragmentados?
Sería una ilusa si pensara que el teatro puede llegar a todas partes: el teatro no deja de ser un espacio minoritario. Este es el problema que tenemos: las reivindicaciones en el teatro llegan a la gente que ya piensa de una misma manera, la reivindicación no les transforma.
Ahora bien, yo también creo que relatar no deja de ser un acto de fe, porque estamos de alguna manera confiando en que aquello que explicamos, aquello que ponemos encima del escenario, tendrá repercusión. No me gusta pensar en el público en general; con que toda esta historia llegue a una persona, para mí es suficiente. Que esto transforme a la sociedad me parece que es un poco iluso y más viendo cómo está el mundo, ¿sabes? Ahora, ¿tiene sentido? Bueno, sí: el día que sienta que no lo tiene, tendría que dejar de hacer lo que hago.
¿Qué hace que una obra perdure en la memoria de un espectador?
La emoción. Pero, ¿qué significa la emoción? ¿Cómo puede una obra llegar a golpear o a tocar quizás una parte de tu corazoncito? No me gusta nada esta idea azucarada de tratar al espectador desde la complacencia, la emoción puede tocarte de manera violenta, no siempre tiene que ser una cosa gratificante. Y esto es casi magia, no es una construcción racional. Si lo fuera, si hubiera una fórmula, todo el mundo sabría hacerlo y la repetiríamos constantemente. Es un misterio. Y, por eso, continuamos haciéndolo, porque no tenemos la fórmula exacta. Cuando tienes la fórmula exacta de una cosa la acabas matando.
A veces los intérpretes de Vulcano me cuentan que el público ha aplaudido a rabiar, que hay gente de pie o que ha sido más frío. ¿De qué depende, esto? Es un misterio, porque tiene que ver con un encuentro vivo y real, y nunca lo podemos controlar. Me tiene maravillada, y a la vez, claro, me inquieta, porque yo quiero que las obras lleguen. Pero llegar es relativo. A veces el público se levanta, aplaude, y después la gente sale de allí y se olvida, o hay obras en las que el público se queda como un poco desconcertado, pero el sentido se le ha quedado adentro. Es un ritual que ya venía de los rapsodas, antes incluso de que existiera el teatro griego clásico. Y lo continuamos haciendo. Si lo piensas así, es muy bonito.
EL RECONOCIMIENTO Y LO QUE VENDRÁ

Szpunberg, esperando a lo que venga
Recientemente has recibido el premio Ciutat de Barcelona. ¿Qué significa este reconocimiento? ¿Tienen estas distinciones una incidencia real en la trayectoria de un creador o creadora?
A ver, no nos engañemos: los premios son un buen empujón, sobre todo si son remunerados. Pero incluso si no lo son, son importantes para aceptarte a ti misma. Sinceramente, no vivo pendiente de esto, porque como he atravesado un gran desierto, me he generado mis propios recursos o mecanismos internos para no depender directamente de esto. Para que, dijéramos, el gozo o la necesidad aparezcan desde otro lugar. Pero no te engañaré, recibir un premio es una cosa maravillosa. Una colega decía: los premios nunca importan, excepto cuando te los dan a ti. Pero los premios no son el hito, sino parte del camino.
El Ciutat de Barcelona tiene para mí una importancia muy especial, porque mis padres llegaron a esta ciudad en 1977 huyendo de una dictadura criminal, salvando la vida de milagro, perdiendo la inocencia, la lucha, la casa, el trabajo, los amigos… y llegar a Barcelona en estas circunstancias fue muy difícil. Y la ciudad nos acogió, nos dio la oportunidad de desarrollar una vida, de tener familia aquí; en mi caso, una hija. Y la oportunidad de dedicarme al teatro. Así que este premio, imagínate… Ojalá mi padre lo hubiera podido ver.
“Me interesa la realidad, la vida, y no me importa decir que soy una trabajadora del teatro”
Algunas veces te has considerado autora, otras más bien dramaturga. ¿Quizá ahora te sientes más trabajadora teatral, en general?
Soy hija de un gran poeta [Alberto Szpunberg], de una persona que escribía magistralmente. Siempre he pensado que estaba tocado por los ángeles, tenía la capacidad de escribir una lírica extraordinaria. En mi caso, he sido muy consciente de que mi escritura tenía una vertiente más prosaica por ser oral. Todas estas palabras grandilocuentes, artista o autora… A veces, me gusta más sentirme trabajadora, también porque tengo mucha conciencia de dónde vengo, de clase. Esto no quiere decir que no me apasione esa dimensión, y basta con ir a ver mi teatro para ver que me interesa mucho la dimensión poética. La escritura teatral es muy específica y tiene un código, una textura, una calidad que es diferente y tiene que ver con una calidad prosaica que yo defiendo, porque a mí me interesa también la realidad, la vida, y no me importa decir que soy una trabajadora del teatro. Y, además, porque me interesa mucho una mirada transversal.
Hoy mismo, el regidor de La tercera fuga en el TNC me ha dado una idea para una réplica genial. Y estamos a poco de estrenar. Para mí esto es un triunfo. La obra está invitando a todas las personas del equipo a sentirse partícipes, no se relacionan con ella desde una estructura jerárquica o vertical. Evidentemente, firmo la dirección y la autoría y asumo la responsabilidad, pero a mí me gusta escuchar a la gente. Si estás rodeada de gente inteligente, creativa y respetuosa, la obra saldrá mucho mejor.

La tercera fuga se estrena el 24 de abril en el TNC
Eres también profesora. ¿Hay un cambio en la manera de entender el hecho teatral en las nuevas generaciones?
Sí que he notado mucho la influencia de las plataformas, de las series, esto es indudable. Negarlo o criticarlo no nos va a favor porque debemos aceptarlo. Durante la pandemia me obsesioné y miré un montón de series y he encontrado referentes compartidos con los alumnos, porque a veces les hablas de libros que para mí son muy importantes y para ellos no, o hechos históricos que para mí son muy relevantes y para ellos no. ¿Y qué hago? ¿Quejarme? Ay, yo no soporto esa actitud de gente de mi generación que está todo el día criticando: que si los jóvenes no leen, que si los jóvenes no saben nada… No es verdad, para nada. Si alguien se apunta a mi taller, yo lo recibo con su imaginario, con sus referentes. Tienes que escucharle, mirarle, ver… La interrelación entre las personas ha cambiado, porque ahora tenemos otros medios para comunicarnos. Y todo esto influye. Decir que no es engañarnos.
¿Tienes algún otro proyecto en mente?
Estoy desarrollando un par de obras que quiero hacer, estoy en un momento muy creativo. Estoy con la imaginación muy viva, hay épocas en las que esto no pasa y por eso cuando pasa hay que aprovecharlo. Pero aún no puedo decir nada, porque quedan algunos flecos por cerrar.
AGENDA SZPUNBERG
Vulcano. 7 de marzo a 13 de abril. Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva), Madrid
La tercera fuga. 24 de abril a 1 de junio. Teatre Nacional de Catalunya (Sala Gran), Barcelona
L'imperatiu categòric. 4 a 22 de junio. Teatre Lliure, Barcelona
Firma invitada
Albert Martí Panadès (Esplugues de Llobregat, 1989) es gestor y comunicador cultural. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra y máster en Periodismo y Comunicación Digital por la Universitat Oberta de Catalunya y en Gestión Cultural por la Universitat de Barcelona. Fue jefe de contenidos de Teatralnet y parte de la redacción de Revista Godot en Cataluña. Ha colaborado con medios como Time Out, Cadena SER, Ràdio4, TeatreBarcelona o La Directa. Como gestor cultural ha trabajado para instituciones y entidades como el CoNCA, el teatro Atrium de Viladecans, el Festival Al Carrer, La Puntual y Recomana, entre otros.
Es un gusto presentar esta primera colaboración suya en Cultura Revista SGAE. Merci, Albert!
Fotografías
David Ruano (retrato apertura)
Bárbara Sánchez Palomero (Vulcano)
Xavi Jurio (retrato plano nadir)
Antonio Povedano (sentada en teatro)
Enlaces
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‘¿DÓNDE ESTÁN LAS MUJERES EN LAS ARTES ESCÉNICAS?’

Presentación del estudio en la sede de SGAE en Madrid
La Fundación SGAE y la Asociación Clásicas y Modernas para la igualdad de género en la cultura han coeditado el estudio ¿Dónde están las mujeres en las Artes Escénicas? Temporada 2023-2024, en el que se analiza la brecha de género en la programación de los teatros públicos de gestión estatal o autonómica y se compara con los resultados de temporadas anteriores. Las cifras extraídas ponen de manifiesto que la participación de la mujer en este campo está aún muy lejos de lo que sería deseable en términos de paridad e igualdad.
Del total de los 645 espectáculos analizados en la temporada 2023-2024, se desprende que solo una de cuatro obras programadas fue escrita por una mujer. El crecimiento del peso femenino en la creación dramática es continuado, pero todavía débil. Si quieres más información o descargarte el estudio, haz clic aquí