EN EL FOCO

ALBERT PINTÓ

Vuelve a las salas de cine con ‘Tierra de nadie’, protagonizada por Karra Elejalde, Luis Zahera y Jesús Carroza

POR ANDREA G. BERMEJO

“No te puedo contar una mierda”, se ríe Albert Pintó (Terrasa, 1985) cuando le pregunto por la nueva temporada de Berlín, precuela de La casa de papel en cuyo rodaje está enfrascado cuando hablamos por teléfono. “Lo que sí puedo contarte es que va a ser más oscura. Vamos a dejar atrás la comedia romántica afrancesada de la primera temporada y nos vamos a acercar más al tono de La casa de papel”, sigue este director con una larga trayectoria como cortometrajista y una carrera en el largometraje que podríamos llamar meteórica. Desde que en 2017 se alzase en Sitges con el premio más difícil, el del público, con su ópera prima Matar a Dios, Pintó ha encadenado el éxito de taquilla de Malasaña 32 (2020), con los bombazos en Netflix de Nowhere (2023), protagonizada por Anna Castillo, o series como Berlín y La casa de papel. Ahora vuelve a las salas de cine con una historia de amistad y narcotráfico con acento gaditano en Tierra de nadie, un “drama-thriller-western con el drama delante”, como a él le gusta llamarlo, protagonizado por Luis Zahera, Karra Elejalde y Jesús Carroza.


¿Qué fue lo que te interesó del guion de Fernando Navarro para embarcarte en Tierra de nadie?

Me interesó la posibilidad de poner el foco en la relación de amistad de los tres protagonistas. La primeras versiones del guion tiraban más al thriller o a la acción, pero hablando con Fernando Navarro y con Álvaro Ariza, el productor, les dije que me apetecía más llevármelo a la amistad entre estos tres personajes y centrarme en cómo el conflicto del narcotráfico en el sur de España les afectaba. Sentía que lo otro ya está contado. Ni tenemos el tiempo ni el presupuesto o los medios para hacer una película que pueda competir con las que hacen los americanos. Ya hemos visto persecuciones y tiroteos suficientes. Para mí lo interesante era que fuese una historia de amistad.


Es también un retrato muy realista del universo gaditano.

Es un mundo que Álvaro conoce muy bien. Y del que Fernando se empapó durante años de escritura de guion. Yo también fui a Cádiz a familiarizarme con los espacios, a hablar con la Guardia Civil… Hay un personaje, Yeye, interpretado por Jesús Carroza, que está inspirado en un depositario judicial que en realidad se llama Óscar. Hablar con él también nos sirvió mucho. Fuimos oliendo el lugar, viendo a los personajes… Y, evidentemente, rodamos allí durante tres semanas y pudimos vestir la película de esa realidad. Además, el director de fotografía, David Acereto, es de Barbate. Es amigo mío y era la persona perfecta para captar de una forma casi documental Cádiz, para conseguir esa luz en la que primase el amarillo, que es como pega el sol gaditano, más bajo. Desde el inicio hablábamos de ese cine clásico con grano, con sudor, con mucho realismo. Trabajamos con luz natural sin darle mucho tratamiento, con ópticas antiguas… Yo quería una película que no cayera en lo postizo, en lo falso y que se sintiera de verdad el dolor de la gente y la realidad de la situación. Empezando por los guardias civiles, de los que hacemos un retrato ultra realista. Son gente humana que tiene miedo, que se acojona ante las situaciones peligrosas. No son superhéroes, les tiembla el pulso.


Zahera, Carroza y Elejalde, lo mejor peor de cada casa

¿Cómo ha sido trabajar con esos tres titanes que son Karra Elejalde, Luis Zahera y Jesús Carroza?
Teníamos claro desde el principio que ese era el casting que queríamos. Y adaptamos los personajes a los actores. Yo no quería que hiciesen acentos. Todos conocemos a Karra, que es vasco, y a Luis, que es gallego, así que les dimos a sus personajes esos backgrounds. Y trabajar con ellos… Yo creo que tengo el mejor reparto posible. Es maravilloso para un director trabajar con actores como estos. Siempre aportan cosas, siempre mejoran la secuencia y entendieron muy rápido que Tierra de nadie es una oda a la amistad, que no era una cosa de flipados, ni una película maniquea de buenos y malos. Y fuimos trabajándolo a base de muchas reuniones, de muchas cenas, haciendo piña, haciendo equipo, hablando mucho entre nosotros y riéndonos muchísimo. Nos lo hemos pasado genial en el set y creo que esa energía y buen humor está en la película.


Alguna vez has dicho que cada película que has hecho ha sido más difícil que la anterior. ¿Esa sensación te queda también después de rodar Tierra de nadie?

Esta película ha sido un poco más difícil que, por ejemplo, Nowhere. Aquella fue muy compleja técnicamente: el hecho de que fuese un contenedor en el agua a la intemperie, de rodar en el mar… Pero el de Tierra de nadie ha sido un rodaje muy complicado porque hemos hecho muchos exteriores. De hecho, no hemos construido nada. Todo lo hemos rodado en localizaciones reales. Eso ha sido duro, aunque también es verdad que, a cambio, la vida te da momentazos de luz, cielos increíbles y esa verdad casi documental que tiene la película.


Dejemos atrás lo más difícil. ¿Qué es lo que más disfrutas del proceso de dirigir?

En este caso lo que he disfrutado más ha sido trabajar con el elenco. Me llevo muchos amigos de este proyecto. Ha sido muy bonito conocer a Karra, a Luis, a Jesús. Pero, normalmente, lo que más disfruto del proceso es preparar la película en mi casa, pensarla y, sobre todo, montarla. Cuando estoy en la sala de montaje con Miguel Burgos, con mi café y mirando el material, ahí soy feliz. Cuando vuelves a crear la película. Lo que menos suelo disfrutar es el rodaje.


CON EL DRAMA DELANTE


Pintó dando indicaciones a Zahera

“Yo diría que Tierra de nadie es un drama-thriller-western, pero con el drama delante”, explica Albert Pintó. “Para mí era muy importante que no se quedara en la acción o el thriller. Igual que cuando hice Nowhere no quería limitarla al survival movie. Para mí las películas son buenas cuando entiendes a los personajes, cuando empatizas con ellos, los comprendes”.


Al cineasta catalán le gusta saltar de un género a otro. “Matar a Dios es una comedia surrealista y negra, Malasaña 32 es una película de terror y Nowhere es un survival thriller”, explica. Así, Pintó va probando códigos nuevos para no encasillarse en ninguno y también un poquito para combatir el tedio de quienes repiten fórmulas una y otra vez: “Cuando hice Malasaña 32 me llamaron de Estados Unidos para hacer otra película de terror, pero yo tuve cuidado de no aceptar proyectos en esa línea porque no quería convertirme en un director de terror. Me aparté y tuve paciencia. Cuando se estrenó Nowhere me propusieron muchísimas survival movies”.


Además, entre un largometraje y el siguiente se dedica a la dirección de series como La casa de papel, Berlín o Sky rojo, “porque en ellas toco muchos géneros: comedia romántica, comedia negra, acción… No solo me lo paso bien, sino que me ayuda a hacer músculo”, confiesa.


¿Y qué va a ser lo siguiente: un musical?

Pues te juro que me gustaría hacer un musical. Yo soy muy fan de Grease [Randal Kleiser, 1978], de La La Land [Damien Chazelle, 2016], de Moulin Rouge [Baz Luhrmann, 2001]… Pero ahora mismo estoy preparando, también con los productores de Tierra de nadie, una película sobre tres amigos, otro thriller alrededor de las drogas y la corrupción, pero en Madrid. Y también estoy preparando otra película con Netflix sobre un asesino en serie, un género que también me encanta.

Con Nowhere, Netflix lo petó fuertemente en varios países

¿Cómo viviste el éxito de Nowhere, una película que se estrenó en tantos países a la vez y que llegó a ser el segundo contenido más visto de Netflix en Estados Unidos?

Es algo que no te esperas. ¡Es un poco loco! Yo estaba muy contento con la película. Desde que me llegó el high concept de la chica embarazada en un contenedor en el mar a la deriva pensé, esto mola mucho, esto no lo he visto nunca. Enseguida dije, ¡vamos a por ello! Yo soy muy fan de Náufrago [Robert Zemeckis, 2000] y siempre había querido hacer algo así. Hicimos la película pero, claro, luego nunca sabes qué va a pasar. Cuando vi los resultados, flipé. Aunque también te voy a decir que es un poco desangelado el rollo de estrenar una película simplemente en streaming. Me faltó el calor de la gente. Los datos son fríos, te llegan unos números y te hace ilusión, te lo crees porque también te escribe la gente por redes sociales. Pero no hay nada como sentir que el público está yendo al cine, que hay boca oreja por las calles, ver las marquesinas, los tráileres… Todo eso se echa de menos cuando estrenas en streaming. Cuando se estrenó Malasaña 32 fui a verla diez veces. Fui a distintos cines para comprobar cómo se veía, cómo se escuchaba, cómo reaccionaba la gente, si se asustaba o no. Eso es chulísimo. Es verdad que los directores hacemos películas para el público y para que la gente se lo pase bien, para que se distraigan un rato, pero también las tenemos que hacer un poco para nosotros mismos. Porque sacar adelante un proyecto es duro, son muchos años. Si no te llenas del calor de los espectadores o de sus risas en el cine, ¿para qué lo estás haciendo?

DE MALASAÑA AL CIELO

Malasaña 32, sustos a la madrileña

Matar a Dios me permitió pasar de cortometrajista a director de un largometraje”, explica Albert Pintó. “A mis alumnos siempre les digo que hagan su primera película cuanto antes. Los productores dejan de verte como un cortometrajista y empiezan a ver a un director de cine que puede sujetar 90 minutos. Pero Malasaña 32 funcionó muy bien en taquilla en España y también en Europa y en Estados Unidos. Fue la que me puso en el mapa”.


¿Y cuánto te ha curtido tu carrera como cortometrajista?

Todo. Fue un máster. Desde que con 10 años decidí que quería hacer películas hasta que, con 33, dirigí Matar a Dios, van 23 añitos de hacer cortos. Creo que he hecho 65 cortometrajes durante ese tiempo. Y durante cinco años también trabajé en una productora haciendo vídeos de empresa, corporativos, de todo. Eso es lo que, en el fondo, te da las herramientas para sobrevivir a las tempestades de un rodaje. Yo me siento un director de industria en el sentido de que soy capaz de rodar lo que me echen. Y es precisamente porque tengo esas herramientas de todo el trabajo previo que he hecho.


¿Hubo algún momento o alguna película con la que naciese tu vocación de director?

La roca [1996], de Michael Bay. Tengo que decir que fue esa. No te puedo decir que fue El Padrino [Francis Ford Coppola, 1972].Eso vino después, cuando estudiaba en la ESCAC. Pero me acuerdo perfectamente de ir al Cine Rambla de Terrassa y ver La roca. Lo recuerdo tan bien porque me traumatizó. Era una peli para mayores de 18 años y yo tenía 10. Me quedé tan loco que mis padres tuvieron que explicarme que era todo mentira, que había una gente que hacía eso para que nos distrajésemos. Y para mí fue una revelación que hubiese alguien que se dedicase al cine, que yo pudiese dedicarme a eso.


Busca Tierra de nadie en tu cine favorito

Firma invitada

Andrea G. Bermejo (Albacete, 1984), autora de este reportaje, es redactora jefa de la revista Cinemanía y colaboradora de Historia de nuestro cine (La 2). También codirigió el documental El hombre que diseñó España (2019). Actualmente prepara un libro sobre la cineasta Cecilia Bartolomé titulado ¿Quién teme a Cecilia Bartolomé?


Ha colaborado en medios como El Duende, Jot Down, Gentleman, Yorokobu o VICE, y ha sido profesora asociada en la Universidad Carlos III y en el Máster de Periodismo Cultural de la Universidad San Pablo CEU.


Ha firmado varias cosas en esta revista. Entre las más recientes, una entrevista a Alberto Utrera en nuestro número 14 que te pone los ojos del revés.


Fotografías

David Acereto (apertura)

Marina Caputo (rodaje)

Enlaces

Albert Pintó

Esto También Pasará

+ Fernando Navarro

Si te gustan los guiones de este autor, lee la entrevista que publicamos en nuestro número 10

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LABORATORIO DE GUION EN GALICIA

Paula Cons dirigirá el laboratorio

La Fundación SGAE, a iniciativa del Consejo Territorial SGAE Galicia, convoca su IV Laboratorio de Guion para autores y autoras residentes en Galicia. El programa seleccionará un proyecto de texto para largometraje de ficción y otro para documental. Cada uno recibirá una beca de 1.500 euros y gastos. Puedes enviar tu propuesta hasta el 1 de mayo.


La guionista, directora y productora audiovisual Paula Cons, con más de dos décadas de experiencia, será la tutora de esta actividad. Si quieres más información, haz clic aquí mismo