

Según el último informe Loud and Clear (Spotify, 2024), el streaming ha permitido a millones de personas compartir fácilmente su música a nivel mundial. Pero, debido a la gran cantidad de gente que sube contenido, la fracción que realmente alcanza el éxito parece menor año tras año. Eso hace que se intente todo para conseguir estar en el foco mediático del algoritmo y, en consecuencia, hay artistas que pasan más tiempo creando material para internet que dedicándose a su propia obra.
En la actualidad, muchos músicos y músicas están cansados de gestionar sus redes sociales, de hacer de managers o productores, de encargarse de sus propias facturas o de negociar con salas y festivales. Hay artistas que viven con la tensión de ir al gimnasio para salir bien en las fotos, porque eso es importante para su imagen de marca. A veces es agotador enviar cien correos para que solo te respondan uno, tener que pagar publi para conseguir presencia, pasear tu cara por todas partes para hacer networking, adaptarte constantemente a las tendencias. ¿Qué diablos tiene eso que ver con el oficio creativo?
Este debate se refleja en la famosa “mitología de las artes” de Hans Abbing. Mucha gente desearía poder entregarse exclusivamente a la creación de sus obras, al diálogo con las musas, y considera todo lo demás una pérdida de tiempo. Sin embargo, todo artista se ha sentido alguna vez así: un jugador de la precarización que, como trabajador cultural, se ve forzado a ser economista, gestor y redactor de proyectos con la falsa esperanza de que algún día únicamente se dedicará a producir arte. Sin embargo, a no ser que tenga todo un equipo humano que se ocupe de estas arduas tareas, nunca sucederá, pues la cultura se ha fusionado con la economía y la separación entre ambas es imposible.
ECONOMÍA Y CULTURA, UN BINOMIO PECULIAR

¿Debe la rentabilidad condicionar la creación cultural?
La economía estudia los recursos de las sociedades, los criterios de distribución y las relaciones sociales que se dan de esta administración de los recursos. Y la cultura, por suerte o desgracia, es una fuente para la economía. Y si no, que se lo digan a John Howkins, quien en su “economía creativa” creía que cada dólar invertido en cultura retornaba generando muchísimos más. Para empezar, la dicotomía entre arte y economía es peculiar, pues entendemos el arte como algo espiritual y elevado, lejos de la vida práctica, mientras que la economía es percibida como una actividad terrenal, de nuestro día a día.
Como la cultura es intangible, se nos amontonan las preguntas: ¿Cuál es el precio justo de una obra de arte? ¿Y el de una sinfonía de Mozart? ¿Y el de una canción de Rosalía? ¿Cómo se calcula el valor del talento? ¿Reside en la aceptación del público? (Cuidado con esto último, pues la lista de músicos que no fueron reconocidos en su tiempo es interminable). Por otro lado, ¿Quién decide cuánto vale? ¿La audiencia o los expertos? Y, ¿quién debería pagar por ello? ¿El Estado o los ciudadanos? A priori, podría parecer que el arte está condenado a sufrir la famosa “enfermedad de los costes”, a ser considerado un bien de mérito que nunca saldrá económicamente rentable. Y, cuando ocurre, cuando tu obra recoge un beneficio comercial, habrá quien te llame “vendido”.
“Plataformas como YouTube, Spotify o Apple Music son un escaparate de artistas frustrados”
En cualquier caso, la cultura ha entrado al circuito de la economía y eso implica obedecer las reglas del juego, las de los mercados, y esas normas chocan de frente con la percepción “mitológica de las artes” anteriormente mencionada. Plataformas como YouTube, Spotify o Apple Music son un escaparate de artistas frustrados; obviamente, no me estoy refiriendo a Taylor Swift o a Kanye West, sino a nuestra amiga compositora o al vecino que sube canciones que no sobrepasan las mil visualizaciones y que, de momento, no ha perdido la esperanza de ser el próximo artista revelación.
EL ATAJO AL ÉXITO

César Lucas reflexiona a fuego y a veces tira beefs cosa mala
¿El camino más corto para ganar notoriedad? Las redes sociales, y querer triunfar en ellas te empuja a ser un mercenario de los likes. Estamos obligando a los artistas a ser influencers. Marshall McLuhan decía que “el medio es el mensaje” y, esto, aplicado especialmente a la música, puede condicionar el arte tal como lo conocíamos. Llevo tiempo observando una tendencia un tanto perversa: un artista suele tener más likes cuando sube fotos suyas que extractos de sus canciones; y si es una mujer con poses insinuantes, aún más. Es siniestro que un artista tenga que enseñar su trasero, exhibir testosterona como si de Hollywood se tratara o ponerse filtros para llamar la atención en redes. ¿Por qué lo hace? Porque eso es lo que demandamos nosotros como consumidores.
Platón hablaba de la “Teatrocracia”, la cual era una especie de modelo tiránico en el que las masas dictaban lo que debía o no ser aplaudido en el teatro, aunque no tuvieran el más mínimo conocimiento para tomar esa decisión. Esto puede observarse en nuestros días; tal es así que muchos artistas actuales dan más importancia a vestir bien o pagar por una sesión de fotos que a adquirir conocimientos que pudieran perfeccionar sus obras.
“Casi no importan las capacidades, disponemos de Auto-Tune y Melodyne para corregir al músico más torpe”
¿Queremos cantantes o modelos? La tecnología y los talentosos ingenieros de mezcla y mastering, en su lucha por la supervivencia, han servido de muleta a la degeneración actual del aplauso. Casi no importan las capacidades, disponemos de Auto-Tune y Melodyne para corregir al músico más torpe. No hace falta que participes en el proceso creativo de tus canciones. Sonríe y ponte mamadísimo, algunos cantantes están más cerca de parecerse a un guaperas de La Isla de las Tentaciones que al clásico romántico bohemio, semi desnutrido y con ojeras hasta los calcetines; aunque he de reconocer que esto último funciona muy bien en el mundo musical gótico o emo.
Una vez pude hablar con un ingenioso productor, de cuyo nombre no quiero acordarme, mente maestra de algunos de los grandes hits actuales en España. Nunca se me olvidará una frase que me dijo: “En un mundo ideal, el mánager es el que piensa y el artista el que obedece”. Una frase tenebrosamente interesante. Desde el Renacimiento, los músicos han luchado por su independencia, por dejar de ser esclavos de la aristocracia y la Iglesia. Peleaban por ser dueños de sí mismos, por tener la oportunidad de ser auténticos y dejar de obedecer a los gustos de unos cuantos esnobs que marcaban el camino del arte. Esa independencia se alcanzó en el siglo XIX, en parte gracias a una burguesía cada vez más pudiente e interesada en pagar entradas y apostar por artistas. Me temo que nos hemos pasado de tuerca y esa libertad está empezando a darse la vuelta de nuevo, si es que verdaderamente existió alguna vez.
CÉSAR LUCAS Y ‘ARTE SIN DORMIRTE’

César Lucas es musicólogo, pianista, gestor y divulgador cultural
César Lucas es un musicólogo, pianista y gestor cultural español. Hizo sus estudios en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y en la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Actualmente es un investigador independiente que trabaja como profesor de Prensa, Comunicación y Nuevas tecnologías en el conservatorio superior Progreso Musical y es proveedor de contenidos digitales para ABAO Bilbao Ópera y el sello discográfico Universal.
Principalmente es conocido por sus conferencias y por ser la persona que está detrás de la cuenta Arte Sin Dormirte, con más de 82.000 seguidores en Instagram. Además de enseñar, este canal de divulgación invita al debate y da visibilidad a temas activistas relacionados con el sector musical.
Fotografía
Cortesía de César Lucas
Mary Rtangles (César reflexivo, cordón amarillo)
Enrique Cidoncha (orquesta)
Enlaces
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II PREMIO INTERCENTROS MELÓMANO

Para incentivar la creación entre jóvenes compositores y compositoras, la Fundación SGAE convoca el II Intercentros Melómano – Premio de Composición Fundación SGAE, con la colaboración de la Fundación Orfeo y el apoyo de UNIR y la revista Melómano. La convocatoria, dirigida al alumnado matriculado en el Grado en Enseñanzas Artísticas Superiores de Música en Composición (en un conservatorio o centro autorizado de España), estará abierta hasta el 30 de mayo.
La obra ganadora se estrenará en el Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) el 7 de diciembre de 2025. Su compositor o compositora recibirá el encargo de una obra adicional para violonchelo y piano, patrocinado por UNIR y remunerado con 1.000 euros. Además, recibirá de UNIR una beca del 85 % para estudiar su Máster Universitario en Composición Musical con Nuevas Tecnologías.