

8, la nueva película de Julio Medem, es también su proyecto más ambicioso: el retrato de 90 años de la historia de España, los que van desde la proclamación de la Segunda República a la medio normalidad post covid, a través de los encuentros y desencuentros de dos vecinos: Adela (Ana Rujas) y Octavio (Javier Rey). Mitad melodrama, mitad denuncia de las “dos Españas”, la película es, como todas las de Julio Medem, una historia indescriptible que no dejará indiferente a nadie. Tras obtener el Premio del Público en el Festival de Málaga, esta es una ocasión ideal para repasar la carrera de un director con una mirada única.
No estrenabas una película desde hace siete años, con El árbol de la sangre. ¿A qué se ha debido esta ausencia?
En el fondo soy un privilegiado. He conseguido que me produzcan todas mis películas… menos 8. Lo he intentado con muchos productores. A todos les encantaba el guion, pero veían que el proyecto era muy arriesgado. Así que finalmente la he producido yo, porque, si no, se habría quedado sin hacer. Después han entrado Morena Films y TVE.
¿Cuál es la génesis de la película?
Nace como todas, de un proceso muy intuitivo y emocional. Hace 20 años, después de Caótica Ana [2007], escribí la primera escena: dos bebés nacen a pocos metros el uno del otro, en dos pueblos diferentes y colindantes. Me planteé contar la historia de dos personajes unidos por una atracción invisible. Me di cuenta de que había creado un bucle con un cruce, un ocho, y pensé que era un buen arranque. A partir de ahí, aplico una creatividad salvaje, un subconsciente emocionado, en el que no sé a dónde voy, en el que voy añadiendo las cosas que descubro según escribo. Si conozco el lugar de llegada es que he puesto la razón por delante y me he equivocado.

Medem dando indicaciones en el rodaje
Háblame más de la función del subconsciente en tu escritura.
Yo me cuido mucho. Cada día trabajo mis sueños lúcidos y dejo la idea en mi subconsciente. Es algo que he aprendido a ejercitar. Siempre tengo una libreta en la mesita de noche y, cuando me gusta una idea, me la repito incluso con los ojos cerrados y oscuros… y se me fija. Creo que tengo dentro un niño al que dejo libre para que haga lo que quiera.
La película es “muy Julio Medem”, en el sentido de que une dos cosas presentes en otros momentos de tu carrera y de una manera muy notable: la reflexión acerca del pasado (Vacas, por ejemplo) y el azar como motor de nuestras vidas (Los amantes del círculo polar).
Me encanta la historia, y hay etapas sobre las que he leído mucho y conozco muy bien. La Grecia clásica es mi favorita, pero muy jovencito también me interesé por el siglo XIX y el Carlismo, para intentar entender el sentimiento independentista vasco.
Sobre el azar, me doy cuenta de que lo he hecho más veces, aunque de otras maneras. Intento contar historias sobre esa fuerza que puede atraer a dos personas sin que lo sepan. Es muy atractivo como idea. En el caso de esta película, el 8 les tiene atrapados. Están unidos por su destino, que les obliga a estar separados y a no verse. No saben de la existencia del otro, pero sus vidas no paran de cruzarse. El azar como pura energía me interesa muchísimo.
“Recuerdo con cariño esa época de Sogetel: me pedían que fuera cuanto más autor, mejor. Después ha habido una etapa en la que, simplemente, no se podía. Y me sentí un poco sin sitio”
¿Crees que ahora hay menos valentía a la hora de producir?
Sí. Han aparecido las comedias, de las que estoy totalmente a favor, que son muy rentables. Pero han provocado un problema, y es que a los productores les cuesta más apoyar el cine de autor que yo hago, aunque, como en el caso de 8, tenga un gancho muy fuerte de emoción en el público.
¿Cómo crees que ha afectado a las decisiones financieras la irrupción de las plataformas?
Ahora funciona mucho lo de los algoritmos. Es algo que conmigo no va porque, con mis guiones, las fórmulas tienen que estar pitando. Antes era más fácil ser arriesgado. Vacas [1992] lo era, por ejemplo, y recuerdo con cariño esa época de Sogetel: me pedían que fuera cuanto más autor, mejor. Después ha habido una etapa en la que, simplemente, no se podía. Y me sentí un poco sin sitio.
Recientemente, Alberto Iglesias me contaba en una entrevista que recordaba con muchísima ilusión La ardilla roja (1993). Que se lo había pasado muy bien.
¡Es que él lo pasó en grande aporreando la txalaparta! La ardilla roja era un juego, un artificio y una mentira. Tenía mucho humor y algo oscuro. Tenía muchas capas. Recuerdo cómo la escribí y todavía me asombra la libertad del momento.
JULIO MEDEM

Medem en la sede de SGAE en Madrid
Nacido en San Sebastián en 1958, Julio Medem es, con casi toda seguridad, el más autoral de los directores de la generación de los 90. Su irrupción con la fábula bovina Vacas en 1992, que retrataba la historia del País Vasco reflejada en las pupilas de las rumiantes del título, fue una bocanada de aire fresco para el panorama fílmico español. A ella siguieron obras como La ardilla roja (1993) o Tierra (1996), en las que fue puliendo su especial mezcla de esteticismo y simbolismo, hasta alcanzar su cumbre con Los amantes del círculo polar (1998) y Lucía y el sexo (2001). En 2003 causó un considerable revuelo con su documental La pelota vasca, la piel contra la piedra, en el que entrevistaba a los bandos enfrentados en el conflicto vasco. Antes del estreno de 8 (2025), sus dos películas más recientes eran los melodramas Ma ma (2015) y El árbol de la sangre (2018).
TECNOLOGÍA AMIGA

Ana Rujas y Javier Rey en una escena de 8
“Esta es la película en la que he tenido más dificultad en el rodaje diario”, dice Medem de 8. “Ensayé un montón con los actores en interiores. Javi Rey y Ana Rujas aportaron muchísimo. Yo les decía que cada ensayo iba a ser como subir una montaña. Al ser planos secuencia, al estar rodado en continuidad, no me podía cubrir con planos recurso y todo tenía que salir perfecto. Marcamos los espacios con cinta blanca, como si fuera el Dogville [2003] de Lars von Tier. Les seguía una y otra vez con mi cámara, para ensayar los planos. Pasamos el doble de tiempo preparando los planos que rodando”.
El salto técnico parece inherente a tu carrera. A fin de cuentas, Lucía y el sexo (2001) fue el primer largometraje comercial digital que se estrenó en España.
Me gusta muchísimo lanzarme a un sitio que no conozco… y que no he visto. Eso pasó con Lucía y el sexo. Venía de pasarlo fatal con Los amantes del círculo polar. Entonces pactabas por contrato los metros de celuloide y en Los amantes…, a mitad de rodaje, ya me había gastado el 70%, por culpa de los niños, a los que dejaba mucha libertad. Así que con Lucía y el sexo no paraba de rodar. Aprendí muchísimo.
8 también supone una colaboración con tu hijo Peru, que ha diseñado un programa de realidad virtual.
Peru es arquitecto, pero le interesa mucho la realidad virtual. Ha rodado dos cortos producidos por su empresa Kinorama llamados Secuoya negra [2020] y Hielo [2019] y ha creado un programa llamado Hall. Con él puedo tomar decisiones acerca de cómo rodar la película. Consiste en ponerles trajes especiales con sensores a Ana y Javier y grabar sus movimientos. A partir de ahí, con la directora de arte, Montse Sanz, podía meterme en su mundo y podía elegir la óptica y el movimiento yo solo. También sirve para la iluminación, para los muebles… Al ser ocho planos secuencia, el empleo de Hall ha sido fundamental para la realización del filme.
¿Y vas a seguir colaborando con Peru?
Vamos a hacer una serie en realidad virtual. Tengo escritas varias series, pero no han salido.

Medem, voz distintiva y poética del cine español
Hablemos de proyectos más concretos. Después de 8, tienes casi terminado un homenaje a Picasso titulado Minotauro. Picasso y las mujeres del Guernica. ¿Puedes contarnos de qué se trata?
Es una película que iba a rodar Carlos Saura, pero ya estaba enfermo y no podía. Me la ofrecieron a mí y acepté con la condición de que tenía que hacer una película que fuera mía. Así que casi no me leí su guion, y a Saura le pareció perfecto.
La película cuenta el proceso mental de Picasso mientras pinta el Guernica. La simbología del cuadro es riquísima y se puede interpretar de muchas maneras. Yo lo utilizo para hablar de su relación con las mujeres, porque es un tema muy complejo. En el cuadro hay un grito íntimo, que es lo que me interesa contar. Intento plasmar ese momento en el que Picasso está con tres mujeres a la vez: la bailarina Olga Joljova, de la que está en proceso de divorcio; su amante, la modelo Marie-Thérèse Walter, y su nueva amante, la fotógrafa surrealista Dora Maar.
¿En qué estado se encuentra?
Ya está rodada. Hicimos la producción en República Dominicana con un equipazo. Solo le faltan los efectos especiales, que son fundamentales, porque la familia Picasso no te deja ni reproducir al pintor ni a sus cuadros. Así que he tenido que filmar una recreación del Guernica, de sus fondos oscuros, que son el subconsciente del Minotauro. Espero que esté finalizada en un par de meses, pero el estreno será en 2026. Este es el año de 8. No me veo estrenando dos películas un mismo año.
Aperitivo de 8, ya en los cines buenos
Firma invitada
Rubén Romero Santos es periodista cultural y profesor universitario. Durante las últimas dos décadas ha sido firma habitual en revistas como Cinemanía, Rolling Stone o Icon y diarios como Público o El Español. Ha publicado los estudios El detective mutante. Las adaptaciones cinematográficas y televisivas de Pepe Carvalho (Peter Lang, 2021) y Barcelona en 12 películas (GRIMH, 2022). Compagina su labor periodística con la docencia en la Universidad Carlos III de Madrid, donde imparte clases de Comunicación Audiovisual.
No te preocupes si quieres más de Rubén, porque es normal. En ese caso, puedes recordar aquí Libros y pantallas, su estupendo reportaje de portada de Cultura Revista SGAE nº14
Fotografías
Luis Camacho (retratos)
Jorge Fuembuena (rodaje)
Enlaces
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SALVA RUBIO GANA EL PREMIO SGAE DE GUION JULIO ALEJANDRO 2025

Rubio agradeciendo el premio en Málaga
Salva Rubio (Madrid, 1978) ha ganado el Premio SGAE de Guion para Largometraje Julio Alejandro 2025 con Mugalari, un thriller histórico inspirado en la Red Cometa, canal clandestino de evacuación de fugitivos en la Europa ocupada por los alemanes durante la II Guerra Mundial. Convocado por Fundación SGAE y dotado con 25.000 euros para el ganador, el certamen también ha reconocido con dos menciones de honor, valoradas en 3.500 euros, el trabajo de los finalistas Alberto Herrera (Ronda, 1996) por Verano que pareces río y Sabrina Muhate (Madrid, 1983) por Los durmientes.
El resultado de esta vigésimo segunda edición del Julio Alejandro fue anunciado en el Festival de Cine de Málaga.