EN EL FOCO

FERNANDA ORAZI

Directora, dramaturga y actriz, vuelve a retorcer la escena en ‘Niebla’, su revisión de Unamuno, a partir del 20 de marzo en Madrid

POR PABLO GIRALDO

Cuando Fernanda Orazi (Buenos Aires, 1975) recogió en 2024 los premios Max a mejor espectáculo revelación y mejor adaptación de obra teatral por Electra, una parte de la afición descubrió con sorpresa que, detrás de lo que creían una actriz, se escondía también una dramaturga, directora de escena y docente atravesada por un existencialista sentido del humor. Lo bueno de llevar más de 30 años como creadora escénica en los márgenes de los circuitos oficiales (en Argentina primero y más tarde en España) y de poner en práctica un tipo de teatro de guerrilla con obras “raras, alternativas y marginales” (en sus propias palabras) es que no hay que rendir pleitesía al gran público. Ahora bien, si este conecta con el magnetismo de sus propuestas y la frescura de su filosofía, pues bienvenido sea. Así sucedió en 2023 con su versión del clásico de Sófocles, en la que dirigía a Juan Paños, Leticia Etala, Javier Ballesteros y Carmen Angulo, el montaje del que todo el mundo hablaba.


Reunida con el mismo elenco con el que triunfó hace tres años, al que se ha sumado Pablo Montes, Orazi regresa ahora con Niebla. Una comedia filosófica de estructura beckettiana y personajes pirandellianos a partir de la novela que Miguel de Unamuno publicó en 1914 y que estará en cartel del 20 de marzo al 12 de abril en Nave 10 Matadero (Madrid).


En la vida, como en el teatro, los personajes endebles tienen escaso recorrido. Pero el protagonista de Niebla, Augusto Pérez (Paños), un hombre enfrentado a su propia existencia y a su destino, salta de la novela al escenario decidido a identificar su trama, aferrarse a ella y hacerla avanzar hasta las últimas consecuencias. Una obra del sentimiento tragicómico de la condición humana.

Fernanda Orazi explicándose en un taller

Como creadora, ¿qué temas o cuestiones actúan como motor creativo en tu manera de hacer teatro?
Lo que me motiva tiene que ver con el desafío de comprobar qué tipo de escena puede producir un material. Siempre que abro un texto pienso que hay que hacer escena, lenguaje teatral, ver qué mundo propone. Y eso me lleva a pensar en una experiencia teatral y en un tipo de actuación. En el caso de Niebla es la primera vez que escribo casi todo el texto antes de empezar a ensayar, pero siempre que escribo estoy pensando en qué quiero que le haga el teatro a esa obra en concreto, descubrir qué forma puede tener en el lenguaje teatral.


¿Y qué despertó en ti Niebla, de Unamuno?
Leer la novela fue un viaje increíble, muy conmovedor. La sentí como una invitación total a poner a prueba el texto para ver si era posible producir un viaje similar de esa naturaleza en el teatro. Y que su protagonista, Augusto, en lugar de ser un personaje literario fuera un personaje teatral. Pero no pensé en adaptar la novela a la escena, sino en hacer una versión muy libre, inspirarme mucho en ella e importar cosas para generar la experiencia. Porque el lenguaje teatral es el de la escena, no el de la literatura.

El elenco de Niebla con cielo despejado

Miguel de Unamuno no es un autor especialmente reivindicado en nuestro teatro contemporáneo. ¿Qué te llevó a fijarte en él?
El amor que sentí por la novela, que me fascinó y emocionó. Después me puse a leer Del sentimiento trágico de la vida… [1913] y otras obras suyas y sentí que había encontrado en Unamuno a alguien que podría acompañarme toda mi vida, como un amigo antiguo. Yo siempre digo que el teatro que me interesa es el que hace actuar lo que no es actual, lo que no está. Hoy en día parece que nuestras identidades se construyen y refuerzan a base de ideologías y, en ese sentido, siento que en Unamuno he encontrado a un creador, escritor, pensador y ensayista valiente y controvertido. A veces lees cosas suyas que no sabes dónde acomodarlas o que te vuelven asustadiza, pero tenemos que ser valientes con su pensamiento. Y, por otro lado, también siento que con él estoy entrando en la respiración de la cultura española y en su mirada trágica.


¿Cómo definirías la propuesta?
Es una pieza trágica. Electra, La persistencia [2024] y Niebla conforman una trilogía con tres distintos tipos de tragedia. La de Niebla es una visión trágica de la vida, no es un sufrimiento. Sufrir por las cosas es drama o culebrón, pero lo trágico es la visión. Morir no está en nuestras manos y eso desborda toda lógica, tanto la nuestra como la del personaje de Augusto, empeñado en controlar la trama.

Ángela Boix en pleno trance en La persistencia

En tu anterior La persistencia y en esta Niebla trabajas con la idea de la muerte explícita del personaje. En concreto, del suicidio. ¿Cómo abordas ese tema?
Me fascina que la cuestión del suicido aparezca en la propia novela como un camino posible: si todo me va mal, pues, por supuesto, una opción es suicidarme. Para mí tiene que ver con la idea de que hay que hacer algo, de que el suicidio funciona como una ilusión de control, como una decisión humana más. Tiene que ver con el deseo de control de la vida, lo cual lo coloca en un lugar muy interesante y que forma parte también de la comedia.


¿Y qué importancia tiene el humor en tus obras?
Hay un artículo de Freud titulado El humor [1927] que termina con un chiste acerca de un señor condenado a muerte. Se despierta el lunes que lo van a ejecutar y, mientras se lo llevan al cadalso, exclama: ¡vaya manera de empezar la semana! A mí el humor me parece una cosa divina en el ser humano, porque ofrece la posibilidad de estar dos veces en el mismo sitio. Y es una posibilidad de lucidez, de visión. Si puede aparecer el humor en una situación es porque hay visión y, si hay visión, hay tragedia. Es una distancia, un estado mental de lucidez absoluta, de rescate y de fuga de lo real que te hace permanecer en un lugar de donde no puedes huir y, a la vez, ofrecerte una vía de escape. Para mí el humor es ineludible, no puedo abordar la escena sin humor y no puedo pensar algunas cosas sin humor, porque me arrancaría los ojos.

Ensayos de Niebla, que se estrena el 20 de marzo

El tipo de humor que encontramos en Niebla recuerda directamente a tus orígenes, a tus primeros trabajos en Buenos Aires junto a Ciro Zorzoli.
Ciro es mi gran maestro, me cambió la vida y mi sentido de la actuación. Yo siento que estoy reconstruida por él después de salir de la escuela de arte dramático. Con él aprendí a compartir esa obsesión vital y vivificante por el lenguaje, por llevar la actuación al límite para que tenga muchos planos posibles. Cuando empecé a plantear Niebla, le dije al equipo que había algo del abordaje de la actuación que me recordaba a Living, último paisaje [1999], la primera obra que hice con Ciro. Creo que esta es la obra que más me liga a todo mi trabajo con él. Porque después de Ciro, sí siento que volví al teatro de texto con Muda [2010], de Pablo Messiez.


Lo primero que dirigiste fue Teo con Julia, en 2003. ¿Cómo dirías que ha sido tu viaje desde la interpretación a la autoría teatral y a la dirección de escena?
Yo doy clases desde los 20 años y ahora tengo 50. Mi relación con la dirección viene desde siempre porque entrenaba actores, preparaba sus muestras y los dirigía. Siempre he dirigido mucho desde la actuación, que es mi obsesión. Teo con Julia llevaba muy poco texto y tenía más que ver con el clima y los estados. Después llegué a España, me puse a trabajar con algunos amigos y estrené, en 2010, Susana en el agua y con la boca abierta, un espectáculo con dos actrices que trataban de dilucidar por qué se suicidaba el personaje de Ofelia en Hamlet. Desde ese momento, supe que quería dirigir con el primer grupo de entrenamiento de actores que tuve aquí, pero sin dinero y sin apenas producción. Hasta que con Electra mejoramos la estructura y pude soltar ciertos temas de producción. Ahí noté cierto empujón, ya iba más relajada y tranquila, porque sentí que habíamos armado una compañía.

Electra, la triunfada definitiva de Fernanda Orazi

Tus ensayos son siempre procesos muy vivos y abiertos. ¿Cómo son tus cuadernos de dirección?
Un caos. Para Niebla tengo muchísimos documentos de apuntes, sensaciones, cosas que quiero que pasen, una versión para esto, una versión para lo otro… Son un horror, soy muy caótica.


¿Qué balance haces como como autora y directora desde que aterrizaste en España?
Es increíble todo lo que he podido hacer acá en el teatro. Siento que me han pasado y me pasan más cosas, y de diferentes tipos, de las que yo podía imaginar.Me siento muy parte de esta comunidad teatral, lo cual es increíble, porque no es mi hábitat natural. Yo no nací acá, no comparto la historia ni la cultura y, a la vez, estoy completamente inmersa. Esto es algo muy importante para mí, porque estoy atravesada completamente por el teatro de Madrid. Y siento que abordando a Unamuno cometo una locura y asumo un riesgo terrible, pero también es el riesgo que quiero asumir.


¿Qué te apetecería hacer después de Niebla?
Siempre he querido adaptar y dirigir Un tranvía llamado deseo [1947], de Tennessee Williams, y plantear mi propia Blanche DuBois, pero los derechos son tan caros...

CONEXIÓN CON LOS PABLOS


Fernanda Orazi en Barbados en 2022, de Pablo Remón

Además de a su maestro Ciro Zorzoli, la carrera de Fernanda Orazi como actriz está muy estrechamente ligada a dos dramaturgos y directores fundamentales de nuestra escena: Pablo Messiez y Pablo Remón. “Son dos creadores opuestos, que podrían estar en las antípodas del abordaje de la escena y del teatro, pero los dos son fundamentales para mí”, explica Orazi, que entró en contacto con ellos tras instalarse definitivamente en España en 2005. “Yo estoy también hecha de mi relación con ellos. Siempre que me proponen hacer algo, hay un desafío como actriz, porque los dos me hacen pensar en el teatro y en la actuación”.


El Teatro Pradillo de Madrid propició el reencuentro con su compatriota Messiez, con quien inició en 2010 una fructífera relación artística que les ha llevado a estrenar más de diez obras juntos, desde la seminal Muda hasta Los gestos (2023), cuyas funciones más recientes pudieron verse en el Festival Faraway de Reims en enero de 2026. “Messiez me devolvió a un tipo de teatro después de hacer obras más marginales, alternativas o raras y fue un regreso muy hermoso. Su mundo, todo lo que él escribe, me conmueve, y él es un fascinado de la interpretación. Fue un enriquecimiento total juntarnos, porque tiene un humor, unas capas y una finura increíbles. Creo que Los ojos [2011] es uno de los mejores regalos que me han hecho y cuando vuelvo a trabajar con él siento que es la mejor persona con la que me podría haber encontrado como director”.


De Remón admira sobre todo los vericuetos imprevisibles de su escritura y la osadía de su puesta en escena. “Lo mío con Remón fue un encuentro brutal. El monólogo de señora franquista que me regaló en 40 años de paz [2015] lo sentí como un gesto valiente, porque me pidió interpretarlo como hablo yo, con acento argentino. A mí me gusta la gente valiente y, si me dirige alguien así, yo me entrego”, cuenta. “Remón me voló la cabeza con su escritura, su imaginario y con el disparate al que puede hacer llegar las escenas”. Algunos de los frutos más destacados del binomio Remón-Orazi son Doña Rosita, anotada (2019), a partir del original de Lorca, y el díptico Bárbados, etc (2017) y Barbados en 2022 (2022, claro), esta última aún en gira.

Firma invitada

Pablo Giraldo (Avilés, 1985) es periodista cultural, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y La Sapienza de Roma. Es colaborador habitual de la revista Vanity Fair y ha escrito para medios como Shangay, JotDown, RBA, S Moda o El Español, entre otros. También ha trabajado para festivales de artes escénicas como Madrid en Danza y Festival de Otoño y ha sido director de comunicación del Teatro Kamikaze.


En Cultura Revista SGAE nº17 entrevistó a otro creador argentino en España: el gran Pablo Messiez. Puedes recordarlo aquí.

Fotografías

Luz Soria (apertura y Electra)

Nave 10 Matadero (taller)

Geraldine Leloutre (elenco Niebla)

Leticia Etala (La persistencia)

Pablo Giraldo (ensayo Niebla)

Vanessa Rábade (Barbados en 2022)

Enlaces

Fernanda Orazi

Nave 10 Matadero


!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

PREMIO SGAE DE HUMOR MIGUEL GILA 2025

Manu Sánchez, Leo Harlem y Javier Corral (Foto: Alfredo Arias)

Los cómicos Leo Harlem, Manu Sánchez y Javier Corral recibieron los Premios SGAE de Humor Miguel Gila 2025 en una gala conducida por Goyo Jiménez (ganador de la edición de honor en 2024) en Madrid.


En la segunda edición de este evento, la Fundación SGAE entregó galardones a Leo Harlem (categoría de honor por toda su trayectoria profesional); Manu Sánchez (mejor monólogo de humor de la temporada por Entregamos); y Javier Corral (espectáculo revelación por Abrazolamp! 2: Acorralado). “Este premio nace con la vocación de reconocer la labor de los profesionales del humor en España, con la intención de crecer cada año y recoger las inquietudes del sector”, declaró Juan José Solana, presidente de la Fundación SGAE.


Sara Escudero, Eva Hache y un buen número de humoristas y colegas de profesión disfrutaron de la velada, que contó también con la presencia de Malena Gila, hija de Miguel Gila. Más información, aquí.