FILIAS

WALLS


Desde la escena urbana, Ginés Paredes evoluciona hacia el rock en ‘El día que me olvides’ y recuerda la influencia del gran Robe Iniesta

POR ARANCHA MORENO

Se siente un privilegiado Ginés Paredes Martín, más conocido como Walls, por levantarse un viernes a las diez de la mañana. “Estoy en una época más trasnochadora”, admite riendo este joven murciano de 25 años, que empezó rapeando antes de revolucionar la música urbana con un par de discos bastante diferentes al que acaba de publicar. Porque el reciente El día que me olvides (2026) está más próximo al rock de los noventa, a esas bandas que le marcaron de chaval y a la música popular que le ponía su padre, que le hace los coros en “¿Cuántas penas vale tu amor?” junto a sus compañeros de la tuna. Desde los 9 años venía soñando con tocar ante miles de personas en el Movistar Arena de Madrid. Desbloqueado ese deseo el 21 de febrero, Walls tendrá que imaginarse nuevos retos.


El día que me olvides, tu nuevo disco, es más rockero que urbano. En cierto sentido, ¿te has apartado del camino estilístico que estabas recorriendo?

Sí, cada vez voy más por libre, porque voy aprendiendo más y tengo más claro lo que quiero hacer. Forma parte del proceso y estoy muy agradecido, porque estos pasos que doy para ser mejor artista y mejor compositor van acorde con mi crecimiento de cara al público. Tengo la suerte de no haber pegado un pelotazo y verme con una aglomeración enorme para la poca experiencia e infraestructura que tengo. La cosa va creciendo poco a poco, y esto es guay.

“Rosalía se ha ganado con creces el derecho a hacer lo que le da la gana, tiene credibilidad”

Algunos artistas de tu generación experimentan ascensiones y caídas muy rápidas.

Ya, la manera en la que está construida la industria da lugar a cosas como esa. Entiendo que ahora, que la gente puede elegir la canción que quiere escuchar, cuándo y cómo la quiere escuchar, los artistas pongan el foco en un single: es más fácil que se viralice una canción y no un álbum entero. Pero sí creo que el resto del álbum tiene que estar sustentado con buena música y con un contexto, porque, si no, tan rápido como subes, bajas. Canciones hay un montón, la gracia está en hacer un proyecto que perdure, que valga la pena.


¿El reto es que haya un artista, más allá de la canción?

A mí me parece que la música no es solo lo que cantas, es cómo lo cantas y quién lo canta. Hay gente que habla de Rosalía y dice: “Eso lo hace un artista de mi barrio y no lo escucha nadie”. Ya, pero Rosalía se ha ganado con creces el derecho a hacer lo que le da la gana, tiene credibilidad.


¿Y quién está detrás del sobrenombre de Walls?

Yo me llamo Ginés Paredes, cuando tenía 13 o 14 años me puse Walls porque es Paredes en inglés. Con 16 años me fui a Barcelona a rapear, gané una batalla muy importante y volví siendo Walls.

BATALLAS DE GALLOS

Walls, un gallo difícil de olvidar

Crecer en el entorno del rap y las batallas de gallos le ha dejado a Walls una escuela dialéctica, pero también escénica. “La peña piensa que son herramientas a nivel compositivo, y sí que tengo facilidad para encontrar las rimas, pero no tiene nada que ver cómo utilizo mi cabeza para componer un tema y cómo la utilizaba para rapear. Es completamente diferente, mucho más visceral, me lleva mucho más tiempo escribir. Aparte me ha dejado ese descaro en el escenario, siempre me ha gustado y la mayor herencia de las batallas es esa”, sentencia. Actitud y seguridad.


Vienes de la melómana Murcia. ¿Es una ciudad tan musical como parece, o sois pocos pero hacéis mucho ruido?

Ambos. Es una ciudad muy guay para las bandas, siempre hay conciertos, hay salas de todo tipo, sitios para 15.000 personas y para 15, puedes tocar donde te dé la gana, la gente pone facilidades. La ciudad es grande pero el centro es pequeño, y hay muchos bares de rock, indie…


Tu casa ha “sonado” siempre, porque tu padre es músico. ¿Cómo te ha influido crecer en ese ambiente?

A él no le gusta definirse como músico, porque nunca se ha dedicado como tal, pero para mí lo es. Él me enseñó a tocar la guitarra. Más allá de mostrarme canciones o bandas, me ha enseñado a entender la música. Él se emociona con las canciones buenas, con las melodías buenas, con las letras, y me dice por qué se emociona, me habla de lo importante de una canción. Siempre se señala el brazo cuando se le ponen los pelos de punta. Él no quiere que yo tenga un hit o dos, a él le gustaría que me tirase tocando toda la vida. Es muy crítico de manera constructiva, no me baila el agua, no me regala los oídos. Me dice la verdad, con amor y con cariño. Me enseña cómo debe ser un artista para permanecer.


Y te acompaña, junto a la tuna de Murcia, en “¿Cuántas penas vale tu amor?”. Una cuenta emocional saldada, entiendo.

Ha sido superguay hacer una canción así, supersólida. Era una canción que me debía y le debía a mi padre. Samplear “Magdalena”, una canción que llevo tocando con él quince años, ha sido un sueño.

En los coros, una tuna muy familiar

Te han pasado muchas cosas en poco más de tres años: debutaste en 2022 con Los niños del parque, al que siguió Luna 18 en 2024 y ahora, El día que me olvides. ¿Cómo has vivido este proceso?

Los niños del parque me parece una obra más fugaz, he vivido con constantes estímulos. Todo ha sido orgánico, un no parar. Soy un culo inquieto.


¿Qué ha provocado este salto estilístico que hay en El día que me olvides? Porque el viraje musical, de lo urbano a este rock o a la música latina, es importante.

He cambiado en muchas cosas, como mi percepción del rock. En Luna 18 pensaba que el rock era vacilar con lo que haces por las noches, pero creo que rock también es mostrarse vulnerable con un piano, sudado, llorar y gritar.


El disco se abre con “Mi viejo dijo a mi vieja”, y en menos de tres minutos transitas desde los ritmos latinos al glam y el rock. ¿Es uno de los viajes que propones en el nuevo repertorio?

Creo que es una carta de presentación guay para el álbum, es un resumen de lo que quiero contar, una reflexión que hago del mundo. A nivel de sonido, es el disco en el que más he experimentado. Tengo miedo de que no suene homogéneo, pero creo que mi voz y mis melodías lo hacen homogéneo.


A juzgar por el swing de “Mi nena”, parece que te lo has pasado bien experimentando cosas nuevas.

Sí, quería hacer una movida más clásica. “Mi nena” fue el primero que hice, me pareció una transición muy buena después de Luna 18. Y en directo es superdivertido.


En ese viraje musical te aproximas a las grandes bandas de rock de los noventa. ¿Qué grupos, o qué discos, se han hecho carne en tus canciones?

Mi banda es Oasis, la banda que me ha representado toda la vida. El álbum coge mucho de todo: lo oscurito, los acordes más menores vienen de Carlos Santana, la manera de escribir de Amaral me gusta mucho… Intento sonar a mí y voy cogiendo de aquí y allá.

DESPEDIRSE Y PERMANECER

Ginés, justo después del golpe en el ego

Es poco frecuente encontrar a un artista tan joven escribir sobre la despedida y el legado que dejamos al desaparecer, un tema más habitual en voces maduras. Una reflexión que viene de largo: “He sido un intenso con eso toda mi vida. Con tres años me despertaba en mitad de la noche y le preguntaba a mi madre qué pasaría cuando me muriese. Últimamente estoy muy reflexivo, a veces siento que el mundo se me queda muy grande y me da una sensación de vacío y de agobio enorme. Eso me ha pasado con este álbum. Cuando me dieron un golpe en el ego y me di cuenta de lo insignificante que soy, empecé a desarrollar la idea. No hablo tanto del legado a gran escala, sino a pequeña”.


¿Cómo te golpearon el ego?

Cuando eres más joven y llegas a Madrid, piensas que puedes hacer lo que te da la gana, aunque te lleves a quien sea por delante. Hasta que la vida te dice que no, que pares. O sufres una pérdida y te das cuenta de que hay otras cosas en la vida, que no pasa nada por abrirte de vez en cuando.


En tu escritura, ¿te sientes hijo de este tiempo, por esa forma de escribir tan cruda, visual y callejera?

En la forma de escribir he bebido de los grandes escritores de canciones de este país, de Enrique Urquijo, de Sabina, de Amaral, de Leiva… Pero no quiero dármelas de interesante, como que vengo de otra época, porque escribo sobre lo que me pasa ahora. Me gusta leer, ver series, pero no leo para inspirarme. Para inspirarme me voy a la calle, a que me pasen cosas, a discutir, a hablar, a reírme, a llorar. No escribo sobre el libro que me he leído, el libro me sirve para saber cómo hilas las frases, o decir las cosas de una manera, pero a mí me vuelve absolutamente loco la calle.

FILIAS: ROBE INIESTA


Si te vas… te recordaremos siempre

Esta entrevista tuvo lugar a finales de noviembre de 2025. Pocos días antes de que Robe Iniesta dejase este mundo por sorpresa, Walls lo escogió como referente e inspiración en su carrera con Extremoduro y en solitario.


¿Por qué escoges a Robe Iniesta como referente en la composición?

Me gusta la gente que escribe poéticamente, pero mucho más la peña que, cuando tiene ganas de verte, te dice que tiene ganas de verte, y si te quiere, te dice que te quiere, sin rodeos. Creo que Robe, en la música y en la vida, no se anda con rodeos, y eso me gusta.

¿Crees que has heredado esa forma de mirar, o de usar el lenguaje?

Salvando muchísimo las distancias, porque no le llego a los tobillos, intento ser directo a la hora de escribir, decir las cosas tal y como las pienso, no andarme con metáforas. A veces la música se tiene que entender a la primera. Existe mucha complejidad en lo simple, decir algo con pocas palabras es más complicado de lo que parece, y me gusta.


¿Qué canción u obra de su discografía, con Extremoduro o en solitario, te ha dejado más huella?

Creo que “Si te vas” [Extremoduro, 2011] es una de las mejores canciones que se han hecho en castellano, sin ninguna duda. El último disco de Robe, Se nos lleva el aire [2023], también me gusta mucho.

DONDE CRISTO PERDIÓ LA CHANCLA

Diga lo que diga, nos preocupamos por Walls

Liam Garner y Lalo GV produjeron El día que me olvides. Pero Walls asegura que “es el disco en el que más poder de decisión he tenido. Siempre lo he tenido, pero en este tenía tan claro lo que quería hacer que ha sido superguay. Hemos ido a casas rurales donde Cristo perdió la chancla, al norte de Madrid, a Rascafría; he hecho amigos trabajando en el disco, conectados por alguna canción. Y compositivamente, genial, siento que he mejorado como músico. Casi todos los temas los he compuesto a guitarra y voz, me he vuelto a enamorar de la composición”.


Por eso juras por la cuerda de tu Strato en “¿Cuantas penas vale tu amor?”. No compones desde el ordenador, entonces.

Si puedo hacerlo con la guitarra, sobre todo las baladas, mejor. Pero también me parece respetable la otra forma. También me gusta ponerme con el micro y tirar unas melodías y ahí construir la letra. Me gusta hacerlo de veinte mil maneras. Me suele inspirar más la guitarra, pero no me gusta tener un patrón definido.


Cambiar el paso y el estilo, además de libertad, ¿genera inquietud?

Esa es la magia. Cuando te acomodas es cuando peor música haces. Me gusta el miedo de no saber si a la gente le va a gustar o no.


Dani Fernández es el único invitado de este disco, te acompaña en “Vulnerable”. ¿Qué os une, musical y personalmente?

Musicalmente tenemos gustos bastante parecidos, le respeto mucho como artista y creo que tenemos una historia bastante parecida. Cuando entré en la industria del pop y coincidía con él en eventos y galas, yo parecía que iba enfadado y él me aconsejaba, me ayudaba. Me representa mucho su forma de construir la carrera, creo que es parecida a la mía.

Dani Fernández y Walls, sociedad invulnerable

En Madrid, Movistar Arena se ha convertido en la prueba de fuego masiva de los artistas, en el ring musical de las grandes actuaciones. Seguro que no olvidarás tu concierto allí el 21 de febrero.

Estaba esperando ese día desde los 9 años. Cuando escuchaba las canciones que me ponía mi padre en el coche, me imaginaba a mí mismo con una Stratocaster azul, que nunca he tenido, tocando para un montón de personas. Con la guitarra colgando por las rodillas. Me gusta hacer música, pero también enseñarla, ver las emociones de la gente con mis temas.


Si miras más lejos, hacia el horizonte, ¿cómo te imaginas tu carrera?

Me imagino haciendo música, quiero llegar lo más lejos posible con mi música, pasar las mayores alegrías posibles con mi música. No me imagino haciendo otra cosa.

Firma invitada

Arancha Moreno (Madrid, 1981), autora de esta entrevista, es periodista musical y cultural desde hace veinte años. Actualmente colabora en el programa Sofá Sonoro de Cadena SER, en la revista Actúa de la AISGE, en la revista alemana Ecos y en Ruta 66, entre otros medios. Sigue escribiendo en Efe Eme, casa que dirigió durante diez años, y en los Cuadernos Efe Eme. También fue jefa de Cultura de Gaceta.es, colaboradora del diario El País y del programa Hoy por Hoy (Cadena SER).


Además, es autora de los libros Iván Ferreiro. 30 canciones para el tiempo y la distancia (2017), Coque Malla. Sueños, gigantes y astronautas (2019), Conversaciones con José Ignacio Lapido (2021) y Quique González: conversaciones (2022), publicados por Efe Eme. En 2024 fue una de las coordinadoras del libro El tiempo, lo soñado y lo real. Homenaje a José Ignacio Lapido, editado por Comares.


En nuestro número 17 entrevistó a La M.O.D.A. Puedes recordarlo aquí

Fotografías

Sofía Colodrón

Enlaces

Walls

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FUNDACIÓN SGAE EN EL FLAMENCO FESTIVAL DE NUEVA YORK

Se van a comer la Gran Manzana a bocaos

El Flamenco Festival de Nueva York celebra su 25º aniversario recordando figuras históricas de este arte inagotable. Del 25 de febrero al 15 de marzo, más de 180 artistas participarán en una edición emblemática que contará con la colaboración de Fundación SGAE. La muestra acogerá un total de 40 funciones para una audiencia estimada de 29.000 personas. Figuras como Sara Baras, Eva Yerbabuena, Manuel Liñán, Olga Pericet, Andrés Marín, Rocío Márquez, Dani de Morón, Gerardo Nuñez. Rosario La Tremendita o Antonio Rey, entre otras muchas, protagonizarán esta edición. También estarán Ángeles Toledano, participante de FlamencoEñe (la muestra de flamenco de la Fundación SGAE para programadores internacionales) y Álvaro Martinete, ganador del Premio SGAE de Flamenco Paco de Lucía.


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