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EL MAGO POP

Para Antonio Díaz nada es imposible. El ilusionista más taquillero del mundo presenta este 2026 su más difícil todavía

POR EMILIO R. CASCAJOSA

"Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Fue lo que le dijo el tío Ben a su sobrino Peter Parker poco antes de morir. Esta frase, acuñada por el mítico pope del cómic Stan Lee, acabó convirtiéndose en clave moral no solo para el neoyorquino Spider-Man, sino también para toda una generación de chicos y chicas conscientes de su deuda frente a un mundo en el que lo de saltar entre edificios se antoja algo improbable. Un claim superheroico y pelín demodé, pero útil para facilitar la entrada al cosmos de posibilidades que gobierna El Mago Pop, el ilusionista que fue capaz de arrancarle una sonrisa al máster del universo, Stephen Hawking.


Han pasado ya bastantes años desde que Antonio Díaz (Barcelona, 1986) decidió sacarle inesperadamente a su madre una moneda de la oreja. Un inocente juego de manos, pero dejó a la mujer con la mandíbula batiente. Probablemente, aquel chaval obsesionado con la astronomía todavía no era consciente del poder que arrastra la magia ni del compromiso que esta acarrea. En noviembre de 2013 se estrenó en Discovery Max el programa El Mago Pop. El formato mostraba al artista catalán explorando la teoría de los seis grados de separación para realizar trucos sorprendentes a famosos y gente común. Fue visto en más de 150 países. Antonio todavía no había cumplido los veintisiete, pero ya había logrado conquistar su ciudad natal con La Gran Ilusión, un espectáculo basado en la película El Show de Truman (1998), de Peter Weir. Acabó convirtiéndose en la representación más exitosa de Barcelona durante doce semanas consecutivas. Sin pretenderlo, el nombre de aquel programa de televisión se transformó en el alter ego de un creador de sueños llamado a suceder a David Copperfield y otros grandes tótems del ilusionismo mundial.

El Mago Pop Lands in USA, o la gesta geoartística de un chaval que un día quiso hacerse mago

“Es como un concierto de rock, no tiene nada que ver con otros espectáculos de magia. Lo aclamaban como si fuera Bruce Springsteen, nunca he visto nada igual”. Son las palabras de Elizabeth Findlay (Disney Theatrical Group) tras haber asistido a uno de los shows que ofreció El Mago Pop en Nueva York en 2023. Si hiciésemos un ejercicio de abstracción, no costaría demasiado conectar al ilusionista más taquillero del mundo (es lo que asegura Forbes) con aquel adolescente saltando en la cama del documental El Mago Pop Lands in USA (2023), de Víctor Subirana. Al fin y al cabo, la responsabilidad es prácticamente la misma: hacernos creer que, si quieres, puedes. Ya desde el mismo merchandising, el catalán tiene claro cuál es su compromiso. Por eso ha diseñado un juego para que los críos empiecen con el oficio, tal y como él hizo siendo apenas un chaval. La caja del Mago Pop se vende en el vestíbulo del Teatre Victòria, de su propiedad. Y en su último espectáculo, Nada es imposible, un vídeo retrata su infancia sobre una pantalla, con un niño actor ejerciendo de protomago y Carmen Maura haciendo un breve cameo como su madre. “Yo le dije: mama, ¿vas a salir tú? Ella me respondió que no. Entonces le pregunté si le gustaría que la interpretara alguna actriz en concreto. Y ella me contestó: pues hijo, Carmen Maura”. El hashtag #graciasporsermimadre no tardó mucho en saltar a las redes.


Esta historia arranca con un chaval obsesionado con una baraja de cartas y continúa con un superhéroe de carne y hueso capaz de levitar, teletransportar un helicóptero, caminar por las paredes, rebobinar el espacio tiempo o transformar la materia. Hablamos con el hombre del año 2023, según la revista Esquire.

Antonio Díaz, más internacional que la alpargata

La última vez que nos vimos fue en diciembre, en el Teatre Victòria. Desde entonces, a Trump le ha dado tiempo de intervenir Venezuela y de sacar patrullas urbanas en su propio país, la población de Irán se ha levantado contra el régimen de los ayatolás, Berlín ha recibido un ataque que dejó sin luz a 100.000 personas e incluso se ha emitido la finale de Stranger things. El mundo va acelerado. ¿Cómo te encuentras tú?

Bueno, un poco sorprendido con el ritmo de los tiempos. Y apenas acabamos de arrancar 2026. El otro día le preguntaba a un amigo hasta cuándo se dice feliz año. Porque fíjate en todo lo que ha pasado ya. La gente y el mundo van como locos. Afortunadamente, tengo este escondite secreto, la magia y el teatro, que es donde conservo una especie de rutina atemporal en la que nada cambia y a la que me aferro.


Son tiempos de incertidumbre.

Absolutamente, lo son.


Sin embargo, tú sigues cosechando éxitos con tu último espectáculo, Nada es imposible. Y has anunciado varios proyectos contundentes para los próximos meses. Por ejemplo, una gira por estadios. Te permites una visión artística a largo plazo.

Creo que estoy teniendo las mejores sensaciones de mi carrera. Nunca había vivido un inicio de año tan ilusionante, sobre todo por esta mezcla de elementos, de proyectos tan diversos que nos van a dar bastante aire, especialmente si te fijas en que nuestro proyecto principal es un espectáculo basado en la repetición. También me veo entrando en una edad en la que me siento joven, pero ya no tanto. Tenemos la suficiente experiencia como para dimensionar bien los desafíos y ser conscientes de que nos vienen curvas.


Hablas en plural.

Porque noto que tengo el mejor equipo de mi carrera y que estamos preparados para todos los desafíos, tanto para afrontar el mundo de los macroeventos, que es algo nuevo para nosotros, como para trabajar con una leyenda del teatro como Andrew Lloyd Webber. Aunque, cuando me preguntan qué es lo que quiero ser de mayor, pienso en el cine. Es una espina que tengo clavada y que me fascina. Me gustaría terminar en el audiovisual tras una extensa trayectoria teatral. Si me hubieras preguntado por todo esto hace un año, seguramente me habrías encontrado más cansado y pesimista.

El Mago Pop en plena acción: Nada es imposible

¿Qué recuerdas de aquel chaval que, antes de ser El Mago Pop, empezaba a investigar su lado artístico en el extrarradio de Barcelona?

Uf, pues veo curiosidad, mucha curiosidad. También muchas horas y mucha repetición. Recuerdo que todas las cosas que me gustaban tenían que ver con la insistencia. No te hablo precisamente de la magia, que está más relacionada con la técnica, como de tocar un instrumento, en mi caso la guitarra, o de jugar al ajedrez, que era otra de mis pasiones. Veía muchos documentales de Carl Sagan. La astronomía me flipa. O sea, recuerdo que era una época de curiosidad, de escuchar bandas y ver películas. Estaba en plena fase de hacerme a mí mismo y escoger mis herramientas. Lo que sí tenía claro es que quería ser mago.


Para ti siempre fue una certeza.

Desde luego, pero también me daba vergüenza compartirlo con los demás, sobre todo teniendo en cuenta que mi hermano Jesús iba a ser médico. Y a mis padres, eso de decirles que era mago, pues parecía un cachondeo. Yo les soltaba que quería ser actor de teatro. Por eso estudié arte dramático en el Institut del Teatre y me preparé todos esos años. Porque, claro, decirle a tu familia que quieres dedicarte a esto te da como vergüenza. Pero cuando entras en el Institut y tienes que montar un Chéjov y tomarte en serio a ti mismo haciendo La gaviota [1896], por ejemplo, tampoco te sale mucho decir que eres mago. Pienso que, por aquellos años, lo de ser mago lo llevaba más como una afición. Me miraba en el espejo de David Copperfield. Recuerdo que me impresionó mucho una frase suya que le escuché en un documental. Decía que había vendido más entradas que Madonna, los Beatles y no sé quién más. Y entonces hacía una pausa y acababa diciendo: “Juntos”. A mí eso me dejó flipao. ¿Cómo que juntos? ¿Haciendo trucos de magia? Ahí me di cuenta de la cosa transversal que tiene todo esto.

DE ADOLFO MÁRQUEZ A TAMARIZ


El maestro Juan Tamariz y su baraja de póker

En los inicios artísticos de Antonio Díaz hay un nombre determinante: Adolfo Márquez. “Adolfo era, en un mundo en el que no existía internet ni apenas información, un despliegue de conocimiento. Acceder a una biblioteca mágica era bastante complicado. Recuerdo encontrarme por primera vez con aquel hombre que se sacaba un pañuelito del puño en el bar al que solía ir mi padre. Puede parecer una chorrada, pero me cambió totalmente“.


¿Cómo era tu relación con él?

Una vez me prestó un manual y me dijo: “Tienes veinte días para aprenderte algún truco y hacérmelo en persona”. Pero lo que no se imaginaba es que, después de esos veinte días, acabé haciéndole absolutamente todos los juegos del libro. Tendría siete u ocho años, por eso también era el niño que mejor leía de toda la clase, porque devoraba libros de magia complejos, que tenían más que ver con la técnica descrita, sin dibujos. Lo recuerdo como una época en la que pasaba muchas horas solo en mi habitación con una baraja de cartas.


Eso supone demasiada paciencia para un niño tan pequeño.

Y también me supuso descubrir el mundo de Juan Tamariz. Muchos de aquellos libros estaban firmados por él. Tamariz, más allá del indiscutible genio de la magia que es, siempre será alguien que añadió a esta disciplina un factor que tiene más que ver con la filosofía o la psicología. Colocó la magia en otra dimensión, a lo mejor no tan teatral como la mía, pero sí logró posicionarla en la categoría de arte. Porque controla millones de factores, algunos de ellos apasionantes y que tienen más que ver con los errores de nuestra percepción.

COMO ’BIG FISH’ SIN TENER QUE MORIRTE

Junto a Antonio, fotos suyas con Messi o Schwarzenegger

Cualquiera que vea alguno de sus espectáculos se dará cuenta de que Antonio Díaz conecta las artes escénicas, la música y el audiovisual a través del ilusionismo. “La magia del teatro me posibilita hacer de director o incluso de selector musical. Me encanta la música y es algo que cuido mucho en mis espectáculos. Pero también puedo hacer las veces de director de iluminación o incluso de actor, porque siempre interpreto el personaje del Mago para contar una historia, aunque luego lo decore todo con truquitos”, dice.


Tengo entendido que la primera obra en la que participaste fue una adaptación de La estanquera de Vallecas (1981), de José Luis Alonso de Santos.

Efectivamente.


Hablamos de historias de proximidad. Me resulta curiosa la manera en la que has sido capaz de reproducir cierta identidad personal desde el ámbito de la familia, desde la nostalgia de ese barrio hoy gentrificado.

Fíjate tú, empezar en el teatro dando un palo a un estanco. [Risas]


Ese sentimiento de pertenencia también está en tu vínculo con Badia del Vallès, tu pueblo, donde arrancaste haciendo números en un pequeño auditorio que ahora lleva tu nombre. Y aunque seas culé, también eres el máximo accionista del CD Cieza de Murcia, el equipo del que era aficionado tu padre.

Tengo mucha familia en Cieza porque mi padre nació allí. Mi tío Quevedo fue un jugador histórico del club y mi primo es ahora el presidente. Queremos recuperar un lugar en el fútbol español. ¿Te imaginas al Cieza en la Champions? [Risas]


Bueno, nada es imposible.

Excepto algunas cosas. [Risas]

“El sentido del humor es la única manera de enfrentarnos a cualquier cosa, incluso a la muerte. En mi caso, es mi superpoder”

También has comprado los derechos del musical Mar i Cel (1988), de Dagoll Dagom, un fenómeno pop de la cultura catalana que pretendes devolver a la cartelera del Teatre Victòria. Lo mismo apelas a lo familiar e identitario que te proyectas reventando taquillas en Broadway como un súper artista.

Qué bonita apreciación. El sentido de lo familiar es muy importante para mí. También lo es el sentido del humor, pero como algo terapéutico. Es la única manera que tenemos de enfrentarnos a cualquier cosa, incluso a la muerte. En mi caso, es mi superpoder.


Hay algo ahí de “tu amigo y vecino Spider-Man”.

Totalmente. Se trata de querer de verdad; a los tuyos, a tu trabajo, de diferenciar lo urgente de lo importante. También es verdad que mi éxito ha sido muy paso a paso. No he tenido un momento OT, porque todo ha sido fruto de una escalada suave, sin posibilidad para que se me vaya la cabeza. Mis hermanos y mis amigos han jugado un papel determinante en eso de reírnos de todo. Recuerdo el día antes de ir a ver a Stephen Hawking para hacerle un truco, las bromas que me hizo mi hermano Jesús con su humor negro. Todo con tal de quitarle hierro a una situación que era importante para mí.


En el documental El Mago Pop lands in USA hay un momento que ilustra perfectamente ese vínculo con lo que realmente importa. Te hablo de cuando acudiste al auditorio de Badia la mañana que lo bautizaron con tu nombre. En mitad de una escena realmente emotiva, tú vas y sueltas: “Esto es como Big Fish, pero sin tener que morirme”, en referencia a la peli de Tim Burton de 2003.

Ese día fue mucho más importante de lo que habría imaginado jamás. Al principio no tenía ni idea de lo que me esperaba. Pensé que se limitaría a cortar una cinta, unas palabritas y ya está. No sabía que allí estarían mi madre y mis hermanos, y mi padre, que entonces estaba haciendo la quimio; amigos de la infancia, el propio Adolfo Márquez, el dueño del bar de debajo de mi casa, los amigos con los que hice teatro aficionado en mi pueblo… Y todo para ponerle mi nombre al teatro en el que me había curtido de chaval. Se me saltaron las lágrimas.

“TÚ SABES QUE LO QUE HAGO NO ES VERDAD”

El Mago Pop, recién teletransportado a un cubo de cristal

En tus primeros espectáculos ya mostrabas una inclinación hacia la dramaturgia y la narrativa. Te hablo de títulos como La asombrosa historia de Mr. Snow (2011).

Bueno, mi interés por escenificar historias es fruto de un trabajo progresivo, de ver mucho teatro y mucho cine, de asistir a muchos conciertos. Siempre digo que para mí la música es el arte supremo, porque tiene esa capacidad para conectar con la emoción sin filtros. Yo veía que en el mundo de la magia se recurría a una tendencia musical que apelaba al misterio, a rollos tipo Piratas del Caribe, todo así como muy épico. Y de repente pensé, ¿qué pasaría si hiciera juegos de magia con alguna canción de los Smiths o de los Libertines? Eso, como mínimo, me diferenció, porque la gente no lo esperaba. Y en lo que tiene que ver con la puesta en escena, está todo el tema de los detalles. Soy de los que cuando acuden a un musical cuentan antes todos los focos que hay, esas cosas técnicas. Me gusta observar.


Siempre has apostado por el espectáculo.

Desde mis inicios, a pequeña escala, he intentado ir más allá de una sucesión de trucos, evitar los catálogos de magia. El sentido del humor también es un elemento importante para mí, tanto en el teatro como en la magia. Muchos grandes magos han usado el humor porque, en el fondo, es un poco absurdo todo esto que hacemos. Es como decir, “tú sabes que lo que yo hago no es verdad y yo sé que tú lo sabes, pero no vamos a hablar de esto en ningún momento y lo pasaremos por alto, pero sin creernos que realmente soy como Superman”. Me interesa esa mezcla de humor con un guion bien hecho y buena música. El ritmo, por ejemplo, es algo que tengo muy en cuenta en mis creaciones, sobre todo tras el cambio generacional y el bum de las redes sociales. Los chavales ahora se aburren en una montaña rusa. Al principio me preguntaba, ¿cómo concilio ese ritmo que los jóvenes necesitan y a la vez consigo que también lo vea mi madre y le guste? Ese ha sido para mí el gran desafío.

La actriz estadounidense Helen Hunt y el Mago Pop

Hablas de transversalidad, pero pienso que en la magia hay un elemento consustancial que no tienen la música, las artes escénicas o el audiovisual. Te hablo de la gestión del secreto. ¿Cómo llevas eso?

Pues imagínate. A mi equipo y a mí nos tiene locos, porque va más allá de los NDA o de los contratos de confidencialidad. Tenemos una serie de inercias bastante complejas que hemos desarrollado con los años, tanto que a veces me siento como en aquella escena de El truco final [Christopher Nolan, 2006] en la que el protagonista recurre a ayudantes ciegos para que no puedan ver los trucos. Bueno, no llegamos a ese nivel, pero es cierto que nuestro secreto es de las pocas cosas que no podrías encontrar en Google. Personalmente, tengo tres principios que siempre intento trasmitir a la gente de mi equipo. El primero es que el secreto sea tan bueno y el método tan ingenioso que, si algún día se descubre, la sorpresa sea incluso mayor. El segundo es intentar hacer cosas tan difíciles como para que los demás no puedan repetirlas. Quizás por eso nos complicamos más que la competencia, para que nadie pueda llegar ahí. Y ahora tenemos una tercera clave: vamos a hacer los trucos más difíciles, pero también los más caros. Pienso que esta vez me toca pensar en grande, como ya lo hicieron antes otros magos. Plantearme qué más podría lograr ahora y mirar hacia las estrellas.


“El Mago Pop iniciará en el Bernabéu una gira mundial por estadios que acabará en el Camp Nou”. La noticia saltó el pasado diciembre, tras una presentación en el Victòria con público e invitados como las actrices Helen Hunt, Mira Sorvino, Leonor Watling, Aitana Sánchez Gijón, Michelle Rodriguez o Paz Vega. Supongo que me hablas de cosas así.

Tuve la idea tras asistir a un concierto de Coldplay. Le di muchas vueltas a la posibilidad de trasladar la magia a entornos en los que, como dijo Florentino Pérez el día que lo anunciamos, “celebrar la vida con 60.000 o 70.000 espectadores”. Y para eso he estado yendo a grandes conciertos, con la idea de prever qué podríamos y qué no podríamos hacer. Al principio solo le encontraba inconvenientes. Por ejemplo, yo en los teatros puedo controlar el uso de los móviles, pero en un estadio tengo que asumir que la gente va a grabar sí o sí. Y luego están la distancia o los ritmos. En un macroespacio, la gente es más dispersa y habla continuamente. Tampoco me interesa utilizar grandes pantallas sin más, me parece muy frío. Mi intención es que a la gente le pasen cosas directamente, aunque se encuentre a trescientos metros del escenario. Pensando en los obstáculos empecé a acumular ideas. Voy a rodearme de los mejores del mundo. Si lo logro, habrá un antes y un después en la historia de la magia. Será el proyecto de mi vida.

Rockefeller Plaza, Nueva York. Una teleportación ante una audiencia de millones en Today (NBC)

Se vislumbra un gran salto, como cuando presentaste en 2013 tu espectáculo La Gran Ilusión. Al final lo vieron más de 800.000 personas en tres años. ¿Fue quizás la obra que cambió sustancialmente tu carrera?

Absolutamente y lo fue a todos los niveles, también comercialmente, porque nos ayudó a crecer como empresa. Aquel espectáculo funcionó muy bien a nivel teatral, porque tenía muchísimo sentido del humor y había referencias cinematográficas. Pero lo definitorio de La gran ilusión es que fue el primer trabajo en el que descubrí el factor ¡wow! Te hablo de ser capaz de escenificar algún juego que vaya más allá del jiji-jajá y que te empuje a ponerte las manos en la cabeza y pensar qué demonios acaba de pasar. Y eso fue el juego de las sombras, que aún sigo haciendo en Nada es imposible. Ese número me cambió la vida.


Precisamente me recordó, en cuanto a sensibilidad, a la escena que cierra el primer acto de La vida de Chuck (2024), de Mike Flanagan. ¿La has visto?

¿Sabes que estoy loco porque salga en plataformas? Quería ir a verla al cine con mi hermano, que también me la recomendó, pero no pude.


Retrata el fin del mundo, pero con una maestría en la puesta en escena muy emocionante.

¡Qué guapo! Tú ponme un fin del mundo y ya me encanta el planteamiento. Al final se basa en algo simple: una tela, unas sombras y ya. Pues aquel número fue la leche. De repente se convirtió en el espectáculo de moda en Barcelona, lo prorrogamos hasta en cuatro sesiones y luego lo llevamos a Madrid, a la Gran Vía. Tuvieron la valentía de programarnos en el Teatro Rialto, frente al musical El Rey León. Al final resultó una estrategia de puta madre, porque acabamos siendo la alternativa barata a El Rey León. Ellos costaban cien euros, porque estaban en un momento de sold out escandaloso y El Mago Pop costaba treinta. Mucha gente de la que vino a vernos, que logísticamente eran los que no habían conseguido entrada para el espectáculo de enfrente, acabó asegurando que aquello de La gran ilusión era muchísimo mejor que El Rey León [risas]. Al final, ese espectáculo, que yo esperaba que congregara a unas 40.000 personas, acabó arrastrando a casi un millón de espectadores.


Y eso te ayudó a crecer inesperadamente.

Sí, también tuvo mucha importancia lo de la tele, el programa de DMAX en el que participé o mi salto a Netflix con Magic for humans [2020]. Aunque pienso que mi carrera crece más en el directo que en pantalla.

AMENÁBAR ANTES DE ‘BLACK MIRROR’


La escena más icónica de Abre los ojos, ¿sí o sí?

“Pienso mucho sobre la situación de la magia e incluso la comparo con otras disciplinas, como el cine”, confiesa Antonio Díaz. “A mí lo que me pasa con la magia es que la siento finita. Las cosas aparecen, desaparecen o se teletransportan. Existen siete u ocho efectos y tienes que estar constantemente cambiándoles el vestido. Esto me ha enseñado a exprimir sus posibilidades, que no son demasiadas, para sacarles el máximo rendimiento creativo. Pero claro, en el cine, por ejemplo, las historias son infinitas. O en la música, que también tiene mil combinaciones posibles. Creo que la magia es un arte escénico, pero desvirtuado por la dinámica de las bodas y comuniones o por el típico amigo pesao que hace trucos de cartas de forma indiscriminada. Claramente no tiene el glamur de unos zapatitos de balé. Es algo como lo que le pasaba al circo hasta que llegó Cirque du Soleil, por ejemplo. David Copperfield fue quien consiguió que a no me diera vergüenza reconocer a lo que me dedico".


Hablando de cine, Juan Antonio Bayona se ha pronunciado muchas veces halagando tu trabajo.

Sí, somos amigos.


¿Me dirías un par de películas que te encanten?

Me gustan estas preguntas. En el número uno te diría Abre los ojos [1997], de Amenábar. Aquello me pilló de adolescente y para mí fue como Black Mirror antes de Black Mirror [2011], algo súper rompedor. Y bueno, Lo imposible [2012], de Bayona, también me cambió los esquemas y no te lo digo solo porque seamos amigos. Me fascina la técnica y en eso él es un maestro como pocos. Además, tiene como título el mismo que quería ponerle yo a uno de mis espectáculos, solo que la peli se estrenó antes.

REPITA USTED: SIGOURNEY WEAVER

Antonio se apoya en la butaca de Leo Messi en el Teatre Victòria

Con La Gran Ilusión, Antonio Díaz se convirtió en el mago más taquillero del mundo. Con Nada es imposible, en cartel en Barcelona hasta el 3 de mayo, ha conseguido ser el artista español que más entradas ha vendido en los últimos cinco años. Demasiada responsabilidad. “Alguien de mi equipo me dijo una vez que hay escaladores que disfrutan del proceso de ascender y otros que prefieren la sensación de llegar a la cima, hacerse un selfiy recrearse con las vistas”, dice Antonio. “Fíjate tú, que yo soy capaz de llegar a la cima y no hacerme una foto. He pasado por conocer a Paul McCartney, que es mi ídolo, hacerle un juego y tener la sensación de haberle caído genial y después llegar a casa para darme cuenta de que no me había hecho una foto con él. De todos modos, soy muy de ponerme zanahorias delante para avanzar. No me gusta demasiado mirar atrás, porque me remueve cosas”.


Hablando de mirar atrás con perspectiva, te has comprado dos teatros. Uno en Barcelona y el otro en Misuri, como base de tu expansión en Estados Unidos.

Lo del Teatre Victòria lo motivó el romanticismo, el cumplimiento de un sueño que he tenido desde crío. Siempre quise tener mi propio espacio y nunca imaginé la posibilidad de tener uno tan grande e importante dentro del tejido cultural de mi ciudad. Suelo arrancar planteándome la peor de las hipótesis, por lo que pueda pasar. Pero luego, cuando pongo los pies en el suelo, me gusta mirar los proyectos buscando lo mejor de ellos. Ahí está el suelo, por supuesto, pero si el techo es alto también mola. Pienso que Barcelona aceptó mi decisión como una muestra de valentía. Ya el primer día nos premiaron con una preventa que casi me sirvió para financiarme, porque invertí todo lo que tenía en el Victòria.


Luego decidiste tener tu propio teatro en Estados Unidos, en una ciudad de 12.500 habitantes que recibe diez millones de visitantes anuales.

Lo de comprar el Magic Theater de Branson, Misuri, vino de la idea de contar con una base de operaciones en Estados Unidos, donde tenemos previsto trabajar mucho. Piensa que es el sitio con más público familiar de todo el país, algo así como Las Vegas de las familias de clase media. Aunque tal y como pasa con Las Vegas, lo que pasa en Branson también se queda en Branson. O sea, si tu interés es tener mucha trascendencia internacional, ese no es el lugar idóneo. Pero sin este teatro no habríamos podido preparar nuestro espectáculo para producirlo en Broadway, en el Ethel Barrymore de Nueva York, que aquello sí que nos proyectó a todos los niveles. En Estados Unidos es muy difícil trabajar sin un equipo técnico formado en el mismo país, porque hay múltiples requisitos que solo funcionan allí y a los que tienes que adaptarte, incluso llevando a tu gente. Ahora que queremos dar el salto a espectáculos en grandes estadios, lo de tener nuestra base de operaciones en esa zona nos va a resultar muy útil logísticamente.

Antonio Díaz y la primera producción española realizada On Broadway

Nada es imposible te valió un Récord Guinness como artista más taquillero de la historia de Broadway. Hay un momento en el documental El Mago Pop lands in USA en el que comentas que no te irás de la ciudad hasta que tu primo Antonio, miembro de tu equipo, mire a cámara y diga bien: Sigourney Weaver.

Y al final lo dice, pero mal. [Risas]


Es como una metáfora de tu crecimiento internacional.

Me hace mucha gracia que te fijes en eso. Para mí fue ilusionante estar en aquel lugar casi mágico, por el que han pasado mitos del nivel de Marlon Brando, Gene Kelly, Katharine Hepburn, Sidney Poitier o la misma Sigourney. El aterrizaje en Broadway ha sido uno de los momentos más intensos de mi carrera.

“Lo que está guay es ser consciente de la realidad y aceptarla y, partiendo de esta realidad, plantearte qué es lo que puedes hacer con lo que tienes”

Actualmente te mueves en un nivel muy top. El nombre de tu último espectáculo, que es como un claim de marca de zapas, refleja unos valores de perseverancia y excelencia que podrían tergiversarse en un sentido neoliberal. ¿No has tenido miedo a que te malinterpreten?

Absolutamente. Piensa que ese espectáculo tiene ya ocho años, arrancó mucho antes que toda esta oleada del “nada es imposible” que pusieron de moda los influencers en redes sociales. Me dio tanta rabia que hasta me entraron ganas de subtitularlo en plan: Nada es imposible… excepto algunas cosas. Efectivamente, el mensaje es muy aspiracional, aunque muchas cosas no son posibles. Lo que está guay es ser consciente de la realidad y aceptarla y, partiendo de esa realidad, plantearte qué es lo que puedes hacer con lo que tienes. Y, si hay algo que no puedes lograr, que eso no te amargue. ¡Hay tantas cosas en la vida! Puertas que se cierran y puertas que se abren. Es como si me hubiese empeñado en ser pívot de la NBA. Imagina, habría estado todo el día quejándome de que la canasta esté colocada tan alta.


También tu nombre artístico surgió de modo aspiracional en un programa de televisión. Y has conseguido sublimarlo coincidiendo con personajes de la talla de Stephen Hawkins, que de algún modo fue un científico muy pop, o Arnold Schwarzenegger, el mismísimo Terminator.

Han sido momentos brutales. Imagina, hemos hecho un anuncio para presentar nuestra gira por estadios con Christopher Lloyd, el inventor del condensador de fluzo de Regreso al futuro [Robert Zemeckis, 1985]. El guion lo escribí yo. Y fíjate, la primera cosa que he dirigido en mi vida y salgo caracterizado con el chaleco de Marty McFly [risas]. Esa sí que es la metáfora de mi existencia, no puedo estar serio ni la primera vez que coloco tras las cámaras a una leyenda del blockbuster. Lo disfruté un montón. Conocer a Schwarzenegger o a Messi… ¡Una pasada!

El particular regreso al futuro del Dr. Emmett Brown y Antonio McFly

Ya hemos hablado de tu próxima gira por estadios.Pero también has anunciado la creación de unos premios europeos del teatro en colaboración con Broadway World.

Esto nace cuando me invitaron, hace un par de años, a los Premios Tony. Estando allí tuve una revelación, porque aquello estaba súper bien montado, con un espectáculo repleto de estrellas internacionales. En Estados Unidos se emiten en abierto, por lo que tienen un presu impresionante que utilizan para que las productoras puedan visibilizar los espectáculos. Entonces pensé, jolín, toda Europa junta es más grande que Broadway. Porque el West End de Londres ha crecido mucho, Hamburgo es una ciudad increíble a nivel teatral, Madrid está creciendo una barbaridad y con Barcelona yo tengo el pálpito de que también va a ir a más; igual que otros lugares de Italia o Francia. Congregar toda esta producción en un evento que se retransmita en las televisiones de todos los países podría ayudar a reforzar el circuito de compañías y espectáculos. Estamos planteando un opening muy gordo, con algún presentador top. Siempre he tenido la sensación de que a los premios de teatro les falta el glamur del cine. Pretendo que estos sirvan para proyectar las producciones teatrales europeas en otros escenarios. Los organizaremos para el próximo otoño.


¿Y te queda algo por hacer este 2026?

Sí, tengo más cositas. En Londres van a hacer un musical con Andrew Lloyd Webber sobre la película El ilusionista [Neil Burger, 2006] y la idea es que yo me encargue de montar toda la magia. Estoy muy emocionado, porque nunca he estado trabajando en el West End.

“Ojalá esta gira vaya súper bien, porque soy muy fan de dejar las cosas en lo más alto que pueda e intentar tener una segunda etapa vital con nuevos sueños”

Y luego, te retirarás.

¿Sabes aquello de que un día tú contestas una cosa y te metes en un follón? Pues eso. Yo lo que he dicho es que, si esta última gira acaba durando lo mismo que mi último espectáculo y me toca cerrarla en el Camp Nou, porque hasta Joan Laporta me ha soltado la broma de que no le haga un Figo, supongo que como mago me quedarán eso, unos cinco años de rock and roll. Y ojalá esta gira vaya súper bien, porque soy muy fan de dejar las cosas en lo más alto que pueda e intentar tener una segunda etapa vital con nuevos sueños. Al final todo pasa volando, madre mía.


Para acabar, me gustaría preguntarte por toda esta nueva resignificación de la espiritualidad. En plena época de incertidumbre y choque geopolítico, surgen artistas como Rosalía apelando a la religiosidad. ¿Te consideras una persona espiritual?

Por supuesto, pero de una manera muy particular. Soy un enamorado de Carl Sagan y mi espiritualidad se resume en una frase suya que, considero, es una de las más brillantes que he escuchado nunca: “Intentamos entender el Universo, pero se nos olvida pensar que, en definitiva, solo somos el Universo intentando entenderse a sí mismo”.

Puedes ver a El Mago Pop en Barcelona hasta el 3 de mayo y en octubre de 2026

En la siguiente página te contamos cosas del Teatre Victòria, recinto centenario y emblema de la cultura y el ocio en Barcelona, propiedad de El Mago Pop desde 2019.

Fotografías

Marta Pich (portada, apertura y reportaje)

Archivo El Mago Pop (Nada es imposible)

Raquel Alvarado (con Helen Hunt)

Javier de Agustín (Juan Tamariz)

Enlaces

El Mago Pop

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 I LABORATORIO DE CREACIÓN DE MONÓLOGOS FUNDACIÓN SGAE GALICIA

Las personas de la foto son Oswaldo Digón y Marta Doviro. Parece que estuviesen de cachondeo, pero se toman el humor muy en serio. Tanto que ella fue la seleccionada en el I Laboratorio de Creación de Monólogos de Fundación SGAE Galicia, que él dirigió. Después de haber presenciado sus sesiones de trabajo en nuestra sede de Santiago de Compostela, no podemos tener más ganas de ver el resultado.


Doviro ha sido candidata en cuatro ocasiones a los Premios Mestre Mateo del audiovisual como mejor comunicadora de TV (2012, 2015, 2019 y 2020). Pero su carrera abarca también el guion y la interpretación. Su primer espectáculo como monologuista, Memorias dunha rapasa da costa (2021), recibió el Premio Dorotea Bárcena (Fetega) y se ha representado en más de cien ocasiones.Por su parte, Digón acumula dos décadas de experiencia profesional en el sector, ha sido miembro del cartel de monologuistas de Las noches del Club de la Comedia durante varias temporadas y ha actuado en los espectáculos teatrales Fariña (2019) y Síbaris (2023), por ejemplo.


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