TALENTOS

ALEJANDRO AMENÁBAR

Músico antes que cineasta, repasa su filmografía a través de sus bandas sonoras hasta llegar a la fantástica ‘El cautivo’

POR ANDREA G. BERMEJO

La música llegó a la vida de Alejandro Amenábar mucho antes que el cine. Un regalo de reyes, concretamente, una guitarra, fue el comienzo de su pasión por la composición. Cada año, por Navidad, llegaba a casa un órgano un poquito más grande del que brotaban canciones religiosas como aquellas que escuchaba en el colegio. Cuando el futuro cineasta empezó a escribir historias de misterio y de aventuras siempre las acompañaba de música: “De alguna manera, siendo muy niño ya estaba haciendo películas”.


En el encuentro La música en el cine de Amenábar, organizado por SGAE Audiovisual, el creador de Los otros (2001) o Mar adentro (2004) profundizó en su faceta de compositor de bandas sonoras, desconocida por una parte del público. Visiblemente entusiasmado, Amenábar recordó esa infancia “de puertas para adentro” en la que escribía, componía y leía junto a su hermano Ricardo, así como el impacto que le produjo ver en pantalla grande Superman (Richard Donner, 1978). “Me quedé ojiplático con la fanfarria de John Williams. Me compré un doble casete con la banda sonora y lo disfruté como si fuera de un grupo de música”, contó, y así comenzó una afición, la de coleccionista de música de cine, que mantiene todavía. “Enseguida pasé a escuchar a otros compositores como Jerry Goldsmith o Bernard Herrmann. A veces me descubro revisando películas solo para escuchar la música de estos maestros. Y más de una vez he comprado la banda sonora antes de ver la película”.


La música de Amenábar para cine se inscribe en esta escuela de bandas sonoras clásicas, basadas en melodías que buscan conectar emocionalmente con el espectador. A pesar de que en El cautivo (2025), su último filme por el momento, intentase (sin éxito) desmarcarse de su estilo y sumarse a la tendencia actual de bandas sonoras “más vanguardistas, donde la música está entrelazada con toda la banda de sonido, funciona como un elemento sonoro más y no hay melodía. Efectivamente, con El cautivo me lo planteé y me di cuenta de que la cabra tira al monte: mi concepto es más clásico y enseguida me surgen melodías”.

NUNCA APRENDIÓ SOLFEO

Alejandro Amenábar durante la conversación con Andrea G. Bermejo​​​​​​​

“Yo siempre fui muy malo en matemáticas. Hay algo en la música que tiene que ver con la emoción, con lo intangible, con lo que me resulta muy fácil conectar. Y cuando lo conviertes a corcheas y semicorcheas me vuelvo loco”, contó Amenábar, que nunca aprendió solfeo. También explicó que, desde Tesis (su primer largometraje, de 1996), compone con Logic Pro y que, en los comienzos, igual que no sabía que antes de rodar había que escribir un guion, tampoco componía con claqueta. “Hasta Los otros no tuve muy clara la coherencia musical”.


Fue José Luis Cuerda, productor de Tesis, el que le encargó componer la desasosegante banda sonora de su ópera prima. “Yo tenía clarísimo que no quería hacer la música de la película porque no quería estropearla, pero José Luis me animó y me lancé”. Ya en el montaje de la secuencia de créditos, en la que el personaje de Ana Torrent se bajaba del metro porque un hombre se había tirado a la vía, aprendió el poder de una partitura para imprimir ritmo. “José Luis me dijo que tenía que meter la tijera porque la escena era muy larga, pero yo me encerré en casa esa noche y compuse la música de los títulos de crédito. Después, Cuerda la vio con la maqueta y se la comió completamente”.


Poco tiempo después, con Abre los ojos (1997), Alejandro cumplió un sueño. Cogió su banda sonora, compuesta con Mariano Marín, y la grabó con la Orquesta Sinfónica de Praga. “En la lectura del tema central de la película me di cuenta de lo potente y animal que es la música orquestal cuando tú has estado luchando con tus maquetas para que tengan algo de fuerza”, recordó. Y esta partitura tenía más matices que la de Tesis “porque la historia lo pedía, no era solo un thriller, tenía una parte romántica”. A propósito de la mítica escena de la Gran Vía desierta, Amenábar explicó lo importante que es cuándo empieza la música en las películas. “En ese momento entra la banda sonora por primera vez en Abre los ojos y me hubiese gustado que entrase más tarde. En Coma [Michael Crichton, 1978], de Jerry Goldsmith, la música entra a la hora. Y una vez que entra ya no para”.

‘EL CAUTIVO’: MÚSICA E IMAGINACIÓN


El cautivo: magnífica película y una de las bandas sonoras más completas de Amenábar

El cautivo, la última película de Amenábar, se estrenó en el último trecho de 2025. En ella se recrea el tiempo que el escritor del Quijote estuvo preso en Argel y descubrió el poder de la literatura. “La banda sonora no suena hasta la media hora, hasta que Miguel de Cervantes no empieza a imaginar historias. Entra la luz, entra la magia y entra la música”, explicó el director, para el que la narración ha ido siempre unida a este arte que te lleva a otro mundo, al mundo de la fabulación. “La música hace la vida maravillosa para mí. Desligarme de ella habría sido muy complicado en una película como El cautivo”.


Una referencia creativa para la música de esta película fue la Fantasía de Alonso Mudarra. “En esta hay unos cuantos compases que me desconciertan muchísimo, porque siento que la armonía no me funciona. Llevo mucho tiempo diciéndoselo a Lucio Godoy, que debe de haber habido un error de transcripción a lo largo de los siglos. Y en la película lo hemos cambiado como yo pensaba que debería ser”.

MELANCOLÍA, GAITAS, PUCCINI

Alejandro Amenábar es uno de nuestros tres cineastas más importantes de los últimos 30 años; los otros dos me los dices tú

Durante el rodaje de Los otros, Amenábar se hizo una prueba de casting para componer la música de su propia película. Cogió unos cuantos planos y probó a ver qué salía. “Mi miedo no era no conectar con la parte más romántica de la película, sino no poder hacer una música de terror chula a la manera de mi gran referente, Jerry Goldsmith”, explicó. “Sin embargo, esa banda sonora tiene un componente triste, lánguido, hay una cosa muy melancólica en la atmósfera que creo que viene por el chelo. No es una música pura de película de terror”.


En cuanto a Mar adentro, a la que el director se refiere como “una bendición” más que un proyecto, supo desde el principio que su música tenía que ir y venir. Como el mar. “Me la imaginaba como una gran masa de cuerda y con una orquesta grande”. Todavía recuerda, años después, la profunda emoción al escuchar la primera lectura del tema principal de la banda sonora. “Por mucho que me hubiese currado la maqueta se me puso la piel de gallina. Los músicos de la orquesta de Londres lo clavaron a la primera lectura. Es de los momentos de mi carrera que más me han impresionado”. Se trataba de la London Session Orchestra, acostumbrada a ejecutar partituras de superproducciones como Mission: Impossible o éxitos de artistas como Robbie Williams.


Amenábar explicó que en la maqueta de la música de Mar adentro no incluyó el sonido de las gaitas y que fue su productor musical, Lucio Godoy, quien recomendó a Carlos Núñez como virtuoso del sonido folk. “Lo grabaron sobre la música orquestal y me levantó el ánimo. Yo quería que la película tuviese eso, porque con Mar adentro quise hacer una película de la muerte como parte de la vida”. Habló también de “Nessun dorma”, el aria de Turandot, de Puccini, que suena en la escena mítica en la que Ramón Sampedro, interpretado por Javier Bardem, sale volando por la ventana. “La música tenía que estar perfectamente sincronizada con ese vuelo. Grabamos la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE con claqueta, algo que para ellos tuvo que ser un poco complicado, y luego el tenor se ajustó a lo que habíamos grabado”, recordó sobre el proceso.

LA RENDICIÓN DE ‘ÁGORA’

Amenábar cedió la música de Ágora a Dario Marianelli

“Me rendí en Ágora [2009]. Había hecho la música de mis cortos y mis películas hasta aquella, pero no pude con ese animal”, contó Amenábar. Pero quedó muy contento con el trabajo de Dario Marianelli, compositor de bandas sonoras como Expiación (Joe Wright, 2007) o Paddington 2 (Paul King, 2017), que fue quien finalmente firmó la música de la película protagonizada por Rachel Weisz. En Regresión (2015) volvió a delegar, esta vez en Roque Baños, al que le reconoció la generosidad de “dejarme asistir a todo su proceso de creación”.


En otras ocasiones fue él quien compuso para trabajos ajenos. Por ejemplo, para Mateo Gil en Nadie conoce a nadie (1999) o para José Luis Cuerda en La lengua de las mariposas (1999). De esta última banda sonora, a la que llegó “de rebote”, destacó la elaboración del tema final. “A Cuerda no le terminaba de convencer y de pronto le dice al montador que retrase la música un minuto. Lo hizo y me pareció espantoso. Terminaba la película y mi música no había llegado al clímax. Él me dijo, está perfecto, ya lo entenderás. Y ahí está la película. Funciona perfectamente. Me dio una lección”.

Santi Prego y Eduard Fernández en Mientras dure la guerra

En Mientras dure la guerra (2019), uno de sus últimos filmes, Alejandro se propuso recuperar la ilusión con la que componía en su niñez. “De pronto se te olvida que esto lo haces para divertirte, así que intenté recuperar el sentido lúdico que tuvo para mí en un principio”, recordó. Fue en el rodaje de esa película sobre el famoso “Venceréis, pero no convenceréis” de Miguel de Unamuno cuando se descubrió a sí mismo tarareando una melodía. “Yo no tenía claro si lanzarme a hacer la banda sonora, pero mi ayudante de dirección [Fernando Izquierdo] me dijo: “Pero Alejandro, ¡si llevas todo el rodaje tarareando la misma melodía!”. Efectivamente, cuando me senté en el teclado no podía parar de componer”. Y eso que, como recordó el director, en un momento dado su productor Fernando Bovaira le propuso desvestir la película de música. “Me dijo que tenía que ser como el discurso de Unamuno, una patada en los huevos, pero yo le expliqué que la había rodado con música y que algo no iba a fluir”.


El Concierto de Aranjuez (1939), de Joaquín Rodrigo, fue una referencia clara durante la creación de Mientras dure la guerra. En realidad, Alejandro nunca deja de escuchar música como placer o fuente de inspiración. “Tengo playlists que me ayudan a entrar en el mood de lo que me gustaría contar. Por ejemplo, el corto Luna [1994] iba a ser de suspense, pero empecé a escuchar el Adagio para cuerdas de Samuel Barber y el corto adquirió otro tono, con una mayor profundidad, con un mayor estudio de los personajes”.


Y, ¿qué pasa con la música cuando Amenábar no está trabajando? “Mi relación con el teclado es que termino de componer y, literalmente, lo guardo, lo envuelvo, y acaba metido en el cajón de los paraguas hasta que compongo la siguiente banda sonora”, remata.

AMENÁBAR EN UNAS LÍNEAS


Amenábar, un talento del tamaño de un moái

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) irrumpió en el cine español hace 30 años con Tesis, uno de los debuts más sorprendentes de nuestra cinematografía. Protagonizada por Eduardo Noriega, Ana Torrent y Fele Martínez, demostró que se podía hacer cine de género en España y conquistó los premios Goya y la taquilla de aquel año con José Luis Cuerda como productor y valedor.


Así arrancó una filmografía sólida y constante, del thriller puro de Tesis al género con trazas románticas en Abre los ojos, protagonizada por Penélope Cruz, Najwa Nimri y, de nuevo, Eduardo Noriega; un filme que llamaría la atención de Tom Cruise, que terminaría protagonizando el remake Vanilla Sky (Cameron Crowe, 2001)


En Los otros volcó su amor por las historias de fantasmas de su infancia, dirigió a Nicole Kidman y dio un paso más hacia los premios Oscar, que finalmente conquistó con su siguiente película, Mar adentro, en la que Javier Bardem daba vida al escritor aquejado de tetraplejía Ramón Sampedro. En 2009 se adelantó al movimiento Me Too con Ágora, su película sobre Hipatia de Alejandría. Y, dejando al margen Regresión (2015) y La fortuna (2021, su única incursión en las series), se volcó en el cine histórico con películas como Mientras dure la guerra y su último estreno, El cautivo.

Firma invitada

Andrea G. Bermejo (Albacete, 1984), autora de este reportaje, es redactora jefa de la revista Cinemanía y colaboradora de Historia de nuestro cine (La 2). También codirigió el documental El hombre que diseñó España (2019). Actualmente prepara un libro sobre la cineasta Cecilia Bartolomé titulado ¿Quién teme a Cecilia Bartolomé?


Ha colaborado en medios comoEl Duende, Jot Down, Gentleman, Yorokobu o VICE, y ha sido profesora asociada en la Universidad Carlos III y en el Máster de Periodismo Cultural de la Universidad San Pablo CEU.
Ha firmado varias cosas en esta revista. Entre las más recientes, una estupenda entrevista a Paula Cons sore su película Mi ilustrísimo amigo

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PREMIO EVENTO FLIXOLÉ-URJC 2025

Antonio Onetti, presidente de SGAE, agradece el reconocimiento

La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) recibió en diciembre el Premio Evento FlixOlé-URJC 2025 a la Investigación del Cine Español en una gala celebrada en la sede de la Academia de Cine en Madrid. Almudena Maíllo, concejala de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, entregó el galardón al presidente de la entidad, Antonio Onetti, por la organización de Comedia, que no es poco. Grandes comedias del cine español, exposición comisariada por el humorista y guionista Arturo González-Campos con el apoyo de Maribel Sausor.


Comedia, que no es poco. Grandes comedias del cine español ofreció un repaso a películas representativas del género, desde sus clásicos primigenios de los años 30 y 40 hasta los más recientes éxitos de la cartelera, a través de guiones originales, material de atrezo, claquetas y vestuario, entre otros objetos. Un total de 6.500 personas visitaron la exposición en el Palacio de Longoria, sede madrileña de SGAE.


La muestra premiada es parte del conjunto de iniciativas organizadas por el Departamento de Actividades Complementarias de SGAE, que también edita esta revista. Desde 2021, esta entidad ha organizado un total de 17 exposiciones, visitadas por más de 190.000 personas.


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