APERTURA

SÍLVIA

PÉREZ CRUZ

Recién publicado ‘Oral_Abisal’, un disco transformador, la autora catalana lo presenta en gira desde Fuerteventura a Río de Janeiro

POR ARANCHA MORENO

Enredada con otros músicos o en la más completa soledad, Sílvia Pérez Cruz lleva más de veinte años encogiéndonos el corazón. Entre 2005 y 2011 a través de proyectos conjuntos con Las Migas, Ravid Goldschmidt, Raül Refree o Javi Colina Trío, y desde 2012 en solitario, combinando obras muy personales con discos al alimón con Salvador Sobral, además de girar con Damien Rice o acompañar a Rosalía y Estrella Morente en Lux (2025), un disco que soñó mientras dormía. Ahora ha alumbrado Oral_Abisal (2026), una obra que viaja del canto colectivo al introspectivo, de la madera al metal, de la canción orgánica a la búsqueda subterránea. Una travesía transformadora que, como buena capitana, afronta con la delicadeza y la hondura que le caracterizan. Premio Nacional de las Músicas Actuales 2022 y con dos Goyas bajo el brazo (el segundo, recogido este año por la canción homónima del documental Flores para Antonio, junto a Alba Flores), Sílvia dedica 2026 a girar por España y Latinoamérica tras cumplir su mayor anhelo: actuar en el Olympia de París.


Decía Lorca: «Las canciones son criaturas, delicadas criaturas, a las que hay que cuidar para que no se altere en nada su ritmo. Cada canción es una maravilla de equilibrio que puede romperse con facilidad: es como una onza que se mantiene sobre la punta de la aguja”. ¿Qué es una canción para Sílvia Pérez Cruz?
Guau, no había escuchado nunca esta definición. Para mí una canción es un espacio de salvación, una posibilidad de reencontrarme con quien soy. Tienen muy buena memoria ellas, te recuerdan cosas que igual se te han olvidado. Para mí es casa, una canción. La música te da tanto espacio para todo lo imposible, lo innombrable… Por eso lo quiero cuidar tanto, porque ahí me siento a salvo. Y si me pierdo y no entiendo el mundo, siempre hay una canción que me abraza.


En tu caso, la música es casa en todas sus acepciones: tu padre era músico y tu madre maestra de música. ¿La familia es música y la música es familia?
La música era una manera de comunicarse en casa, pero digo casa como un amparo profundo, como la poesía. Cuando no hay cobijo en ninguna parte, cuando no te entiendes con tu familia, en la pérdida más grande, siempre hay una canción que te puede cobijar. La respuesta está en alguna canción.


Durante muchos años estudiaste saxofón. ¿Cuándo descubriste lo poderosa que era tu voz?
Supongo que cantar fue lo primero, pero antes hice piano, luego saxo… A los doce descubro la voz no como un juego, sino como un puente hacia un estado que no conocía.

Los electrones se alinean y crean un campo magnético en la voz de Sílvia

En tus inicios tuviste muchos proyectos colectivos. ¿Esa conjunción creativa forja también tu identidad musical, tu voz propia como creadora?
Sin duda. Hay una construcción primera en mi pueblo [Palafrugell, provincia de Girona] y una deconstrucción cuando me voy a Barcelona, a los 18. Yo soy de pueblo y me voy a la ciudad, y alucino. Conozco a gente de muchos estilos y ahí me pongo en duda, empiezo a descubrir. En ese perderse te das permiso para encontrar nuevas maneras, aunque rápidamente volví a mi voz de siempre. Tuve suerte, porque normalmente se tarda más. Todavía intento combinar la soledad con el colectivo, porque son aprendizajes diferentes.


Has publicado diez discos en solitario, o a dúo, cada uno con una identidad bien marcada. ¿Todos tus discos están hermanados, en cierta forma?
Creo que sí. Me estoy dando cuenta ahora. Son álbumes de momentos de tu vida, cuando los escucho recuerdo cómo estaba y lo que buscaba. Suelo intercalar una búsqueda como intérprete animal y otra de imaginario: cuando hago canciones originales vuelco mucho más que la voz, es todo un pensamiento; y cuando interpreto es todo animal. Hay esa búsqueda del animal y el imaginario, y esta voluntad líquida de ahora, de conocer los límites para borrarlos y sentir que estamos hechos de lo mismo. Huir de etiquetas, de individualismos. Tengo mucho empeño en buscar la materia de la que estamos hechos, esa que acaba siendo una emoción. Esa es mi búsqueda. Expresar mediante estas magias del arte cosas que no entendemos, que amamos, que duelen.


En el disco Toda la vida, un día (2023) describías la juventud como una etapa de búsqueda y energía, y la madurez como una conversación más escogida. ¿Ahora fusionas las dos, la curiosidad y la madurez?
No lo sé… En ese disco tenía 40 años y me fijaba mucho en el pasado y en el futuro, como la vida entera, hablar de lo que desconozco y lo que conozco, e intuía que la madurez iba de buscar esa fuerza en una misma. Ahora estoy empezando a entender esa materia tan fina de la paz de amarse una misma. Yo soy muy cuidadora, y hay algo de un autocuidado que a la vez lleva mucha juventud, porque también tiene que ver mucho con el cuerpo. El otro día pensaba, ¿los cuarenta tienen algo casi de adolescente o de primera juventud? No sé, aún lo estoy descubriendo. Pero la música te mantiene muy joven, hay algo de esa mirada ilusionada, ganas de aprender. Eso da juventud.

Sílvia Pérez Cruz y Juan Falú: mesita, guitarra y voz

Después de ese disco colaboraste con el guitarrista Juan Falú en el disco Lentamente (2024). ¿Esas canciones te dejaron alguna huella a nivel compositivo, conceptual o anímico mientras creabas Oral_Abisal?
Juan Falú me ha dado la libertad absoluta, la sabiduría y la valentía, ese hombre que tiene 76 años y el alma joven. Lo grabamos en 2022 y salió en 2024, porque tengo la teoría de que cuando tienes la conexión es cuando hay que grabar. Cuándo se comparte tiene que ver más con el marketing, pero hay que grabarlo en el momento del enamoramiento artístico. Toda la vida, un día era todo mi imaginario, la creación grandiosa, con mucha gente, y Lentamente era Juan y yo, una mesita, guitarra y voz, volver al origen y no pensar. Y con el mejor. Fue un viaje a Argentina muy hermoso, de confiar en la música.


También te habrá pasado con Damien Rice, con el que giraste en 2023.
Damien y Residente han sido muy generosos conmigo. A primera vista Damien y yo no tenemos nada que ver, pero en realidad podemos hablar de todo. Mi ritmo ha sido pausado, siempre hacia arriba, y él tuvo un éxito brutal, mundial. Él me hizo confiar en mi parte genuina de salir al escenario, en la parte creativa. Y me ha permitido descubrir teatros que no conocía, de toda Europa, Estados Unidos, una gira en velero por Italia… Una relación con la belleza y qué cosas hay que cuidar cuando viajas: la alimentación, el cuerpo… Yo le abría el concierto y luego lo acompañaba tocando la guitarra, el clarinete, el teclado… Y era muy bonito reencontrarte con esa posición de qué necesita esta persona para que brille, y descansar del peso del liderazgo.

SÍLVIA & SALVADOR


Entre Toda la vida, un día y Oral_Abisal vio la luz Sílvia & Salvador (2025). El álbum conjunto de Sílvia Pérez Cruz y el genial portugués Salvador Sobral se estrenó en directo en Japón antes de girar por el mundo. Se trataba de canciones firmadas por Jorge Drexler, Luísa Sobral o Laurah Noah, por ejemplo, que dejaron poso en el camino de Sílvia: “Creamos un disco juntos, pedimos a otros que compusiesen pensando en nuestras voces, disfrutamos viendo cómo las voces empastaban y también las energías en el escenario. Porque es muy diferente lo que él y yo buscamos en el escenario. Todo lo que hago me afecta para lo siguiente. De todos aprendo”.

‘ORAL_ABISAL’: UN UNIVERSO PROPIO

El músculo cigomático mayor, donde nacen las sonrisas, bien podría apellidarse Pérez Cruz

Oral_Abisal es un viaje de Sílvia Pérez Cruz a través de instrumentos, enfoques, melodías y texturas. Arrancó hace tres años de la necesidad de componer, revela la autora. “Luego me di cuenta de que buscaba dos texturas diferentes: una más concreta, más reconocible, más de canción pura, que es Oral, donde hay más armonías, más guitarras, cuerdas, más lo conocido, de ojos abiertos; y otra voluntad de sumergirme y buscar unas texturas más sin forma, sin tiempo, entre los metales, que es Abisal. Otros ángulos, otras partes de mí, como ir al fondo, mirar hacia atrás y trabajar la producción y la composición de otra manera, más onírica, de ojos cerrados. También hay una historia de amor y desamor, que es el aprendizaje más fuerte, y esa voluntad de cambio de estado. Uno va cambiando de estados, eso aún lo estoy entendiendo. Me gusta la idea de aprender a cambiar de estado y no ser esclavo de un ser”.


Entonces, después de grabar, ¿sigue evolucionando tu pensamiento sobre lo que has escrito?
Son partes diferentes de mí. Una es la orgánica, ni la pienso: me viene la canción, la melodía o la letra, no hay pensamiento, me sale eso. A medida que avanzas entiendes el concepto de tu búsqueda, y compones llenando todo lo que te falta. Hay una parte muy mental, cuando ya está casi todo compuesto, de entender las estructuras, los equilibrios, las curvas de un concierto, la energía que se mueve… Si hablo del ciclo del agua pienso en qué ciclos no he tocado para ir entendiendo todo el viaje y luego compartirlo con los músicos, todos los arreglos, la producción del disco y finalmente la escena, donde visualmente explicas mucho mejor todo esto, para volver al escenario como un animal, sin pensar. Se trata de acabar sin pensar, igual que como empezó, pero disfrutando de la artesanía de construir en medio.


¿El viaje lo arrancas sola?
Siempre empieza en soledad, luego hay una parte colectiva hasta la máxima colectividad, que es con el público.


Este año has pisado ya escenarios históricos como el Teatro Real en Madrid, el Liceu de Barcelona y el Olympia de París. En cuanto a este último, ¿es cierto que era tu sueño? ¿Hubo piel de gallina?
Piel de gallina. Hubo un momento al final cantando “Ne me quitte pas” [de Jacques Brel] que me entró un llanto, y me sentía sola en medio de todo eso, pero a la vez sentía la belleza de estar en el Olympia. Fue muy hermoso, lo había soñado mucho y lo estaba viviendo y atravesando.

Pérez Cruz diluye los límites con “Líquido”

Te hemos escuchado junto a Rosalía y Estrella Morente en “La rumba del perdón”. ¿Qué sentiste cuando Rosalía llamó a tu puerta para grabar en Lux?
Hace dos años y medio nos encontramos en Los Ángeles, hice un concierto y vino a verme, tuvimos una charla preciosa que creo que hacía mucho tiempo que queríamos las dos. Seguimos hablando hasta que una noche, hace dos septiembres, tengo un sueño y se lo cuento: “Rosalía, he soñado que estabas grabando un disco y que había una orquesta sinfónica, cosas de Morente, algún bajo electrónico…”. Y me dijo: “No puede ser, Sílvia, estoy grabando esto”. Ella se quedó a cuadros. Yo no sabía la magnitud de acierto que tenía lo que acababa de soñar [ríe]. Al cabo de unos meses me dijo: “Sílvia, creo que era una señal, que tienes que estar. Tengo una canción que había quedado en hacer con Estrella, y si quieres formar parte…”. Le pedí que me dejase escucharla, para ver si era capaz. Me parece muy hermoso, un homenaje a estas voces, y muy mágico.


Este año has recibido tu segundo Goya, junto a Alba Flores, por la canción “Flores para Antonio”, del documental homónimo. ¿Cómo ha sido ese viaje emocional con ella?
Siento un orgullo de Alba… Se me pone la piel de gallina. No era nada fácil, ha sido muy honesta, hace un trabajo muy profundo sobre la familia y los tabúes. Hay un homenaje a un padre, quitarle ese estigma y reivindicar a ese gran artista, toda la familia volcada con ella, una constelación familiar… Y atreverse a cantar, entender que lo que tenía que pasar es que ella cantara. Ha sido un regalo que confiase en mí para brindarme algo tan íntimo. Es un premio para Alba y para su padre, y para mí es un premio humano, por haber sabido acompañarla, darle cobijo para que no tuviera miedo de escribir, componer y cantar. Por supuesto que compuse y produje, pero de lo que estoy más orgullosa es de haber sabido acompañarla.


¿En qué formatos podemos verte en tu actual gira?

El año pasado tuve una neumonía volviendo de Japón con mi hija. Me encontraba cansada, pero ahora tengo muchas ganas de hacer estos directos. Hemos elegido ciudades en las que podemos ir todos, la mayoría son cuerdas y trompas, con la escenografía, el concepto es tan bestia que no lo puedo soltar. Aunque habrá formato pequeño en algunas ciudades. Y siento mucha ilusión, porque hacemos también México, Colombia, Chile, Argentina y Brasil. En México, Argentina y Río de Janeiro tengo amigos y quizá invite a músicos de allí, para que puedan entender el viaje, pero tengo que hacer un curro de adaptación. Tengo muchas ganas de que la gente lo vea entero, económicamente es complicado, pero no tiene sentido crear esto y que la mayoría de la gente no lo pueda ver. Tengo que encontrar la manera, ¡y creo que la voy a encontrar! [Ríe].

 ‘ORAL_ABISAL’ EN GIRA


¿Quieres ver a Sílvia Pérez Cruz en directo este verano? Toma nota: Fuerteventura (26 de junio), Gran Canaria (27 de junio), Sigüenza (4 de julio), Gernika (15 de julio), Cartagena (17 de julio), París (19 de julio), Ginebra (20 de julio), Menorca (23 de julio), Girona (29 y 30 de julio), Sitges (31 de julio), Ciudad de México (20 de agosto), Bogotá (23 de agosto), Santiago de Chile (27 de agosto), Buenos Aires (29 de agosto), Porto Alegre (2 de septiembre), Río de Janeiro (8 de septiembre) y Barcelona (19 y 20 de septiembre).

Firma invitada

Arancha Moreno (Madrid, 1981), autora de esta entrevista, es periodista musical y cultural desde hace veinte años. Actualmente colabora en el programa Sofá Sonoro de Cadena SER, en la revista Actúa de la AISGE, en la revista alemana Ecos y en Ruta 66, entre otros medios. Sigue escribiendo en Efe Eme, casa que dirigió durante diez años, y en los Cuadernos Efe Eme. También fue jefa de Cultura de Gaceta.es, colaboradora del diario El País y del programa Hoy por Hoy (Cadena SER).


Además, es autora de los libros Iván Ferreiro. 30 canciones para el tiempo y la distancia (2017), Coque Malla. Sueños, gigantes y astronautas (2019), Conversaciones con José Ignacio Lapido (2021) y Quique González: conversaciones (2022), publicados por Efe Eme. En 2024 fue una de las coordinadoras del libro El tiempo, lo soñado y lo real. Homenaje a José Ignacio Lapido, editado por Comares.


En este mismo número, Arancha entrevista también a Miguel Poveda. Puedes comprobarlo aquí

Fotografía

Sony Music Spain

Enlaces

Sílvia Pérez Cruz

Juan Falú

Damien Rice

Salvador Sobral


!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

MEDALLAS DE HONOR SGAE 2026

Entre conciertos de El Último de la Fila, Manolo García recogió su medalla (Foto: Cellesar/SGAE)

La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) entregó en mayo sus Medallas de Honor 2026. En la gala, celebrada en el Real Alcázar de Sevilla, fueron distinguidos el cantante y compositor Manolo García, la bailaora y coreógrafa Cristina Hoyos, el director y guionista Alberto Rodríguez y el editor musical Juan Ignacio Alonso. Asimismo, Los del Río fueron nombrados Embajadores de Honor por la proyección internacional de su música. Por último, la entidad reconoció la trayectoria profesional de la directora del Centro de Documentación y Archivo de SGAE, María Luz González Peña, con la Medalla por servicios.


El acto, encabezado por Antonio Onetti (presidente de SGAE), contó con la actuación musical de Gonzalo Hermida. Aquí tienes más información