CON PROFUNDIDAD Y ALEVOSÍA

FRANCISCA VALENZUELA


La autora chilena presenta en gira su nuevo disco, ‘Maldita’, inspirado por la maternidad. En octubre llega a España con cinco fechas

POR ARANCHA MORENO

Un poemario adolescente, titulado Defenseless Waters (2000) y prologado por Isabel Allende, sufragó el primer disco de la autora chilena Francisca Valenzuela. Después publicó Abejorros / Madurar (2001), una colección de relatos editada por Carmen Balcells en Plaza & Janés. Y mientras estudiaba Periodismo, la música se cruzó en su camino. “Pude financiar mi primer disco en secundaria porque esa platita quedó ahorrada”, explica de su álbum de debut, Muérdete la lengua (2007). Tras él llegaron otros seis trabajos de estudio, el último de ellos Maldita (Frantastic Records, 2026), donde la maternidad sirve de catapulta para hablar de sentimientos como la vulnerabilidad, la identidad o la renuncia. Un disco vanguardista en el que se abre en canal mientras emprende una gira por Estados Unidos, México, Chile y, doce años después, España.


Debutaste como escritora. ¿Cuándo y por qué saltaste a la canción?
Creo que ha sido algo simultáneo y simbiótico, el texto y las canciones. Me siento más identificada con las letras que con la música, mi sueño era ser escritora y tocaba piano clásico, componía música sin letra, luego empecé a componer canciones. En el fondo creía que ser cantante era imposible, que había que ser como Whitney Houston, una cosa muy fantasiosa, muy lejana, que requería tener cierta voz, cierto aspecto o ciertas características. Más allá de eso, mi obsesión siempre ha sido el texto, y de repente me di cuenta de que podía encontrar la manera de integrar mi amor por la literatura en la música, que las canciones podían ser un vehículo de exploración de temas, de historias, de relato, de realidades. Siempre iba en paralelo, escribir y componer canciones. Y he ido agarrando confianza, tengo intereses musicales, creativos y literarios y tengo mi propia manera de hacerlo, no soy tan estricta en cada carril.


Tus padres se dedicaban a la ciencia y tú al arte; te criaste en San Francisco y después te mudaste a Chile. ¿Tu vida está muy marcada por estos contrastes, por estas dualidades?
Me encanta esta pregunta, porque siento que sí he estado muy marcada por la dualidad. No es que me sienta superfragmentada, pero es un trabajo conciliar las cosas. Dual en idioma, en las capacidades, en las realidades. Incluso como artista, entender que soy independiente, que soy la ejecutiva de mi proyecto y a la vez, la artista, es una dualidad. Tengo estos dos cerebros, estas dos personalidades, estas dos facetas. Creo que hay un gran beneficio en esa dualidad y en esas oportunidades. Me siento muy agradecida por vivir en dos lugares muy significativos. En mi familia no hay artistas, pero les apasiona la vida, la humanidad, la creatividad, la curiosidad, y me han transmitido esa pasión, ese compromiso y esa apertura de mente. Entiendo que todo es válido, no soy una cosa nomás, ya sea en mi idioma, mi familia bilingüe, mis intereses, mis capacidades… Pertenezco a muchos lugares, lo veo como un valor. Cuando llegué a Chile fue muy difícil, era gringa, y cuando empecé a hacer música tenía un ímpetu muy desalineado con la escena local, pero ahora veo una oportunidad ahí, más allá de lo artístico y lo identitario, de integrar esas dos formas distintas.

Fran Valenzuela ensayando una mirada afilada como una daga

Se cumplen 20 años de tu primer single, “Peces”, una canción cruda que rompió estereotipos. Desde entonces, ¿uno de los sellos de tu escritura es tener la pluma y la lengua bien afiladas?

Sí, para mí es natural, yo no me daba cuenta de que tenía esa mirada al escribir hasta que me lo señalaron. Yo usaba palabras muy físicas, muy anatómicas, hablaba de cicatrices y costras, como en “Tajo abierto” [2014]. Yo devoraba a Pisani, Benedetti o Leonard Cohen, para mí es natural nadar en esos conceptos porque representan mi realidad, lo que quiero decir. Por eso tengo un vínculo fuerte con España o Argentina, porque hay una herencia literaria muy fuerte. A los colegas españoles con los que he trabajado les interesa el juego de palabras, tienen un enamoramiento con eso. De chica me identificaba mucho con mujeres muy deslenguadas, como Shakira o Alanis Morissette. Me encantaba que estuvieran enojadas, me identificaba con esa energía, quería explorarla en las letras.


Eso se transmite en tus siete discos: Muérdete la lengua (2007), Buen soldado (2011), Tajo abierto (2014), La fortaleza (2020), Vida tan bonita (2022), Adentro (2023) y el reciente Maldita (2026). En estas dos décadas, ¿cómo calificarías tu viaje musical?
Por una parte siento que hay mucho construido, mucho aprendido, mucha trayectoria, y por otra parte siento que no hay nada, que estoy empezando, es una cosa muy rara. Ha habido mucho trabajo, pero también mucha sorpresa, mucha emoción y mucho asombro, y al mismo tiempo me digo que esto tenía que pasar. Me siento orgullosa de haber construido algo propio, independiente, libre, distinto, pero también siento que estoy lista para afrontar la siguiente tanda de cosas, con mi caja de herramientas.


Si no atiendes solamente a la nostalgia, mirar atrás da mucha información.
Mucha, mucha. Como artista siempre estás en la disyuntiva entre lo que quieres hacer y cómo existe eso en el mundo, y alinear eso a veces muy difícil. Hay una brecha entre la idea y lo que haces, y a lo largo de los años veo cómo me acerco, cómo esa brecha se achica, y eso tiene un gran valor. Muérdete la lengua fue un álbum maravilloso y una época increíble, pero también lo pasé muy mal, tenía 20 años y estaba aterrorizada. Hacía trescientos shows al año, fue una época muy mágica y muy trabajada, pero internamente tenía pánico escénico, pesaba 48 kilos, estaba en un estado de desconexión, infelicidad e inseguridad muy alto. Entonces tampoco gocé ese periodo. Es increíble cómo cada etapa se ve reflejada en la creación, y ahora siento que no solo tiene que ver con el resultado, sino con el proceso y con la persona dentro del proceso.

ROSALÍA Y AMAIA


Francisca Valenzuela charlando con Rosalía en el confesionario del Lux Tour 2026

Cuando Rosalía recaló con la gira de Lux en Santiago de Chile, invitó a Fran Valenzuela a subir al escenario y pasar por su particular confesionario. “Fue muy linda, me encantó participar, el equipo de ella es maravilloso, muy acogedor. Admiro su obra, su visión artística, su disciplina, pero también cómo navega como artista. En vivo puede ser una diosa y dominar, ser lejana y cercana, ser un vehículo divino y la amiga a la que cuentas un secreto. Esa versatilidad me encanta. Tiene la inteligencia, la creatividad, la determinación para construirse como artista, y una versatilidad, una credibilidad, una profundidad que ejecuta con un nivel de oficio impresionante”.


Pero Rosalía no es la única artista española a la que sigue con interés: “Soy súper fan de Amaia, me encanta, la voy a andar stalkeando cuando esté por allá. Me encantan Sen Senra, Rigoberta Bandini, Zahara, Judeline, hay una escena increíble, hay arquetipos muy diversos, no solo un tipo de proyecto, artista o sonido, eso me gusta mucho. Me encanta volver allá y retomar el contacto con esa escena”.

EL CONCEPTO ES EL CONCEPTO

Valenzuela y su inventario de maldiciones

Los últimos discos de Fran Valenzuela, Adentro y Maldita, giran alrededor de una ruptura, el primero, y de la maternidad, el segundo. “Todo cobra un sentido conceptual sobre la marcha”, asegura la autora. “Adentro lo escribí en diez días, en el proceso de un divorcio. Estaba en México girando, tuve Covid, estuve sola, encerrada como tres semanas, y ahí empecé con la guitarra y el piano a componer los pedacitos que se convertirían en las canciones. Ahí tomó forma el relato, la manera de comunicarlo, el show en vivo, y Maldita fue igual. Tiendo a escuchar lo que está pasando y reflejarlo, que me atraviese, y después entender qué forma toma, qué sentido tiene, qué resuena y cómo, la mente más editora. En Maldita hubo dos o tres piezas iniciales que dejaron clarísimo que ese era el camino, y fue muy liberador. Ya sabemos cuál es la ruta, cuáles son los cimientos, ¿cómo construimos sobre eso?”


Entonces, ¿escribes canciones cuando entiendes algo, o cuando no entiendes algo?
Hay una cosa muy física. Escribo cuando estoy desesperada, cuando necesito dialogar internamente. Por eso me cuesta hacer colaboraciones, porque las cosas que hago son tan personales que es muy raro darle un espacio a otra persona, que entre y se integre. Yo escribo para entender, para poder atravesar eso. Puede pasar en un avión, en el piano, en la ducha, durmiendo a mi hija… Hay una chispa o una necesidad, a veces también musical, a través de una base armónica, un ritmo, un sonido, una palabra, incluso.


¿Por qué crees que la maternidad, especialmente en la primera etapa, no es uno de los grandes temas universales en la música?
Es una gran pregunta. Creo que hay una construcción alrededor de la maternidad para mantenerla chiquitita y simple, y reducirla. La fuerza de la maternidad, no solamente de dar a luz, sino de sostener y cuidar a otros, es tan grande que como sociedad no es eficiente evidenciar esa responsabilidad. Creo que hay un terror a evidenciar que es algo fundamental, difícil e invaluable, que es mejor reducirlo a una cosa doméstica, fácil, simple. Por una parte, está la idea de que es algo automático, que no requiere esfuerzo, porque ¿cómo se cuantifica eso? ¿Cómo se construye una sociedad y un sistema que respeten y honren eso? Y hay una cosa muy freudiana: el terror de saber que existe una madre que se ve alterada por dar a luz, o sea, yo como hija no puedo lidiar con el hecho de que mi mamá lo pasa mal. Además, la mujer queda postergada tras la maternidad, y es muy difícil conciliarlo. Históricamente, se ha perpetuado que un varón es un padre que está en el mundo y puede no ser cuestionado por su paternidad, y una mujer es madre primero, ante todo. Entonces, ¿cómo conciliamos eso? También históricamente las temáticas asociadas a los cuidados, la dignidad y los derechos de la mujer son invisibilizados, oprimidos. Cuando saqué Muérdete la lengua y Buen soldado, muchos rockeros tradicionales me decían, “tú haces música para mujeres”, como si la música hecha por mujeres o para mujeres fuera menos relevante.

‘MALDITA’: DOS FASES PARA UN SENTIMIENTO

Francisca abriéndose en canal

Maldita impacta porque plantea asuntos cruciales, como esa disyuntiva entre dedicarse al bebé y abandonar lo demás o hacer otras cosas y olvidarse del bebé. “El disco tiene dos partes, hay una evolución”, explica Francisca. “La primera está escrita desde la desesperación, el insomnio, el terror. Desde la víscera, la tripa, el miedo, la culpa. Y la segunda parte está escrita más desde el corazón, es más luminoso, hay más generosidad, más suavidad. Como si estuviese en una cueva gélida y de pronto empezase a entrar el sol”.


En este disco pones sobre la mesa la pérdida de identidad, la renuncia, la vulnerabilidad… Y planteas una reflexión sobre el presente, el pasado y el futuro. ¿Los sentimientos, más allá del relato de los hechos, son los que mantienen vivas las canciones?
Sí, creo que son los sentimientos y el vínculo con la canción y el momento que uno vive. Como artista, una no puede controlar cuándo llega una canción a tu vida y qué efecto tiene esa obra en ti. Muérdete la lengua fue importante para muchas personas porque conectó con una generación, ahí reside la fuerza de la obra, en el vínculo. El sentimiento prima más que la obra por sí misma. Hay cosas que siempre se pueden valorar en una obra, pero al final la historia de cada canción tiene que ver con su vínculo con las personas, con cómo se integra en sus vidas.

“El feedback negativo que me llega de ‘Maldita’, si me llega algo, es de varones muy tradicionales que me dicen: ve al terapeuta. El mismo discurso que está en contra de la justicia reproductiva”

¿Tuviste algún referente musical mientras estabas en el proceso creativo del disco?
Más que en la música lo encontré en la literatura, con Jazmina Barrera, Lucy Jones, Emily Oster, Rachel Cusk, muchas. No tuve casi interés en la música en ese momento, solo en crear, gritar, reclamar y vociferar. Hubo una búsqueda en la producción, cuando quería unas cuerdas siniestras, o en “Extracción”, que quería que me recordase a cuando escuché “Fuck the pain away” de Peaches. Pero en ese proceso no me sentí acompañada por la música. La única canción que encontré sobre maternidad fue de la cantautora country Brandi Carlile (“The mother”), me hizo llorar. Y escuché más a Leonard Cohen y a Laurie Anderson, y a Jorge González y Charly García, y las canciones artísticas de Mecano. Pero fue una cosa más conceptual, lo sentimental se mantuvo más en los libros.


¿Te han llamado ya maldita o cobarde, como cantas en “Bugambilia”?
El feedback negativo que me llega de Maldita, si me llega algo, es de varones muy tradicionales que me dicen: “Ve al terapeuta”. El mismo discurso que está en contra de la justicia reproductiva: “No digas esas cosas porque si las dices nadie va a tener bebés”. Es una subestimación feroz de la mujer. Pero el feedback de Maldita ha sido muy lindo, muchas mujeres me dicen: “Me encanta que digas las cosas así, porque tengo miedo y me da miedo que nadie me diga que una se puede sentir así”. Al final se trata de visibilizar la fragilidad de una etapa.

GIRA ESPAÑOLA


Con Buen soldado y Tajo abierto Francisca Valenzuela actuó en varios festivales españoles y ahora, doce años después, regresa con la gira Maldita Tour 2026. “Es un gran momento porque tengo el equipo, la propuesta, estamos más consolidados. La vez anterior fue increíble, pero entonces era independiente y no podía sostenerlo, no tuve equipo en el terreno ni presupuesto para gestionar cosas en España”, confiesa.


En octubre pasará por Barcelona (18, Razzmatazz 3), Sevilla (22, Sala X), Palma de Mallorca (24, Es Gremi), Madrid (25, Sala UNI Madrid) y Valencia (26, Loco Club). “Habrá piano y guitarra y, en algunos lugares, cuerdas. Es un show bien teatral, potente, poético, de mucha autoría. La puesta en escena es sentimental pero poderosa e incisiva, es un gran show. Tengo muchas ganas de llevar lo que estamos haciendo”.

Firma invitada

Arancha Moreno (Madrid, 1981), autora de esta entrevista, es periodista musical y cultural desde hace veinte años. Actualmente colabora en el programa Sofá Sonoro de Cadena SER, en la revista Actúa de la AISGE, en la revista alemana Ecos y en Ruta 66, entre otros medios. Sigue escribiendo en Efe Eme, casa que dirigió durante diez años, y en los Cuadernos Efe Eme. También fue jefa de Cultura de Gaceta.es, colaboradora del diario El País y del programa Hoy por Hoy (Cadena SER).


Además, es autora de los libros Iván Ferreiro. 30 canciones para el tiempo y la distancia (2017), Coque Malla. Sueños, gigantes y astronautas (2019), Conversaciones con José Ignacio Lapido (2021) y Quique González: conversaciones (2022), publicados por Efe Eme. En 2024 fue una de las coordinadoras del libro El tiempo, lo soñado y lo real. Homenaje a José Ignacio Lapido, editado por Comares.


Si quieres más de Arancha, deberías leer su entrevista a Sílvia Pérez Cruz en nuestro número anterior.

Fotografía

Francisco Finat

Valentina Palavecino (mirada afilada como daga)

Enlaces

Francisca Valenzuela

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TALLER CON JANET NOVÁS EN GALICIA

La Fundación SGAE, a través del Consejo Territorial SGAE Galicia, organiza un taller de creación coreográfica y movimiento dirigido por Janet Novás, Premio Nacional de Danza 2025, Premio Goya 2024, Premio Ojo Crítico de RNE 2021, Premio de la Crítica de Cataluña 2021 y Premio Injuve 2011. Hacer y mover no es un simple curso de coreografía, sino una convocatoria abierta también a músicos o intérpretes de cualquier disciplina que quieran explorar las posibilidades del físico como caja de resonancia y su capacidad de ficcionar, expandirse o reinventarse.

La actividad se desarrollará del 20 al 22 de noviembre de 2026 y la matrícula general cuesta 80 euros (pero los socios y socias de SGAE pagan solo 30 euros). Puedes inscribirte u obtener más información aquí