TALENTOS

NOEMÍ RODRÍGUEZ

Con su habitual humor irreverente, la autora, actriz y directora estrena‘Al final de las cosas’, una cartografía del tragicómico declive de una pareja

POR PABLO GIRALDO

Si algo dejó claro Noemi Rodríguez (Allariz, 1987) en su fulgurante y prolífica carrera con Teatro en Vilo, la compañía teatral que fundó con Andrea Jiménez y que sostuvieron juntas durante más de una década, fue su talento para captar, desde el humor más agudo, el sentir de una generación a la deriva: la de los nacidos entre los 80 y los 90, en constante crisis, que esperan un advenimiento que arroje algo de luz a sus trayectorias vitales.


La revelación aún se resiste a hacer acto de presencia para los de su generación, pero las constantes vitales de la escritura de Noemi –la pérdida, la contradicción, la sexualidad, los problemas de las nuevas masculinidades, la alta cultura y la cultura trash, entre otras– parecen hoy más vivas que nunca y se han ampliado al delicado ámbito de la pareja. En Al final de las cosas, la obra que escribe, dirige y coprotagoniza junto a Alejandro Jato del 9 de octubre al 15 de noviembre en el Centro Dramático Nacional en Madrid, una pareja se resquebraja. La historia se ha contado cientos de veces y, sin embargo, no hay combustible que arda mejor para sostener una ficción que una pareja en el ocaso de su relación.


En manos de cualquier otro autor, esto podría ser una manera de ahorrarse un buen puñado de sesiones con su terapeuta. En manos de esta cómica 360º, es una oportunidad para subrayar lo patético, absurdo y contradictorio de unos treintañeros permanentemente insatisfechos y a los que se les viene el mundo encima. Responsabilidad afectiva, lo llaman.

Noemí Rodríguez, una autora bien asentada

¿Cómo suelen arrancar tus procesos creativos?

Cada obra tiene su carácter y pide su proceso específico, que tienes que ir reconociendo poco a poco. En este caso, fue a partir de una conversación con una amiga inglesa. Yo les doy muchísima autoridad a mis amigas, todas listísimas. Esta me dijo que tenía que escribir una obra titulada The end of things. Así que ya tenía el título. Lo primero con lo que trabajo es un mapa de imágenes, materiales que me van iluminando el camino y con los que incluso llego a decir: “Dios mío, pero cómo voy a combinar esto”. Pero para mí es muy excitante ver la manera en que esos materiales acaban juntos. Otra cosa que me gusta mucho hacer es reunirme con esas amigas listísimas, que tienen todas profesiones totalmente variopintas, para lanzarles preguntas y ejercicios. Les planteo, por ejemplo: “Poco se habla de…”, y ellas empiezan a hablar, me cuentan anécdotas de situaciones concretas y yo veo qué temas aparecen de manera redundante. Me gusta dejarme guiar por la experiencia de los que me rodean, por las sensaciones y por las imágenes.


¿Y cuándo das por completado un texto?

En la última función que exista de la obra. Ahí es cuando se acaba de escribir. Me encanta improvisar, el contacto con el público, esa cuarta pared siempre tan liviana con la que buscar la complicidad. Hay partes que están muy vivas a lo que sucede y tengo que contar siempre con esa libertad.

“La gente tiene tanto deseo de verdad que deciden ir hasta al fondo: «Ah, el nombre de la actriz es el mismo que el del personaje, por lo tanto, esto debe ser verdad». Y a mí me encanta eso, creo que voy a poner mi nombre siempre en todo lo que haga”

¿Cómo ha evolucionado tu escritura desde Teatro en Vilo a la actualidad?

En la trayectoria con la compañía había mucho trabajo inicial con los performers y actores, y también espectáculos en los que se trabajaba a partir de la biografía de esos intérpretes. En este montaje eso no lo he trabajado. Ha sido un proceso muy solitario y es una obra de ficción con trama y personajes. Es verdad que no es la primera vez que lo hago, porque yo adoro, y creo que se me da muy bien, trabajar con materiales biográficos, pero la diferencia más notable que veo es que esta es una obra muy de ficción y fruto de un proceso extremadamente solitario.


Es ficción y, sin embargo, sobre el escenario os llamáis por vuestros nombres de pila.

Me gusta ese trampantojo. La gente tiene tanto deseo de verdad que deciden ir hasta al fondo: “Ah, el nombre de la actriz es el mismo que el del personaje, por lo tanto, esto debe ser verdad”. Y a mí me encanta eso, creo que voy a poner mi nombre siempre en todo lo que haga, porque me gusta jugar con el deseo de que la gente quiera que sea verdad. ¡Y es todo mentira! Pero, ¿qué es verdad y qué es mentira? Para mí, la verdad son todas aquellas cosas que te salen acompasadas con el ritmo del corazón. Lo noto cuando escribo un texto y digo: "Sé que esto es verdad." ¿Por qué? Porque sale con el compás del corazón y me emociona.

CARA A CARA

Rodríguez y Jato ensayando el desastre

Noemí Rodríguez venía de trabajar en montajes con elencos más grandes. En Al final de las cosas se presenta en el escenario en un cara a cara con Alejandro Jato. “En mi carrera he trabajado mucho dos tipos de formatos”, recuerda ella. “Tengo experiencia con elencos grandes y monólogos, tanto los que he escrito para otras personas como los que aparecían en shows como Hoy puede ser mi gran noche. Es un formato que me chifla. Así que una cosa que aquí he explorado más que en otras ocasiones son los diálogos, ese ejercicio dialéctico. Como autora me ha resultado un trabajo agradecido, fascinante y divertido, me ha encantado porque he descubierto cosas que no sabía que se podían hacer. Yo llego a la emoción a través de la música que genera un texto, es como me conmuevo. Le doy mucha importancia al movimiento y a la música de los textos, de la palabra. Compongo mucho a partir de ahí, en los monólogos y ahora también en los diálogos, incluso a través de las onomatopeyas”.


Hay otro componente fundamental aquí, y muy presente en tu obra, que es el teatro físico.

La parte física tiene una relevancia enorme, y eso también es dramaturgia. Llevo mucho tiempo colaborando con la coreógrafa Amaya Galeote, nos entendemos de manera increíble, y aquí adquiere muchísimo peso toda esa parte coreográfica que yo entiendo como dramaturgia. Hay textos hermosos que te emocionan en el momento, con interpretaciones increíbles, pero yo creo que después pasan los años y con lo que te quedas es con una imagen. Creo que esas imágenes tienen un mayor recorrido en el tiempo. Y yo aspiro a que la gente se acuerde del espectáculo, dejar una huella perdurable en el tiempo, sabiendo perfectamente lo indeleble que es el trabajo que hacemos.


¿Qué es lo más complicado de escribir comedia?

Se hace muy poca comedia en general y no sé si tiene que ver con tener un rango inferior con respecto a otros géneros. Podríamos hablar de la consideración que tienes si eres una autora seria o bien una autora cómica, algo que yo noto. Supongo que el teatro entendido como serio tiene más rango... Pero para mí la comedia es inherente a quién soy y de dónde vengo, esa famosa retranca de los gallegos. Uno como artista no se diferencia de quién es como persona y, para mí, el humor es un lugar no solo desde donde mirar el mundo, sino desde el que estar en la vida. Me interesa muchísimo ese lugar donde el humor colinda con la tragedia y cómo nos permite no solo sobrellevar el dolor y lo difícil, sino simplemente poder ver lo terrible sobre un escenario. Esta es una comedia trágica, es divertida, pero también desgarradora. Pero es que la vida también lo es.

HISTORIAS EN CAÍDA LIBRE

Un espectáculo que nos recuerda que el amor es toda la baraja

Al final de las cosas se centra en la historia de una pareja en crisis. No es una temática que abunde en la trayectoria de Noemí Rodríguez. “Yo quería hacer un fotograma o una radiografía de una caída”, explica. “Una cosa transversal a todos mis espectáculos es que los personajes siempre están en caída, se les derrumba una ficción que les había funcionado hasta ese momento. Ya sea con la masculinidad, con la idea de éxito, con el futuro… Se les cae la máscara y, con ella, el mundo tal y como lo conocían. Este espectáculo bebe de esa obsesión de fotografiar ese momento, el relato que sostenía a dos personas que formaban una pareja. Intento reflejar aquello que decía Antonio Gala de que el amor es toda la baraja. La obra tiene que ver con la pérdida, con el duelo y con aceptar los finales”.


Hay temas que remiten a tu obra anterior. Por ejemplo, ese retrato de una generación desorientada y permanentemente en crisis, que ya aparecía en Generación Why (2018).

Yo entiendo mi obra de la misma manera que lo hacen los artistas plásticos, que se toman muy en serio y entienden su trabajo como un conjunto de obras donde una es la continuación de la anterior. Para la gente que conozca mi trayectoria, en este show he hecho ciertos guiños a espectáculos anteriores. Una de las cosas que me motivaron muchísimo de este proyecto es homenajear a cada una de las obras que he hecho desde los 17 años.


Al igual que en Man Up (2019), aquí se hace mucho hincapié en cómo entendemos las nuevas masculinidades.

Es que el personaje del novio se está esforzando muchísimo y tú puedes pensar que es un aliado raro, que da grima. Pero lo está intentando. A ella le molesta que sea así, pero jamás estaría con un hombre que no fuera así. Desea lo mismo y lo contrario al mismo tiempo. Y eso es riqueza, es fertilidad. Otra de las cuestiones que me interesaba explorar y que reconozco en mi obra anterior es la contradicción y la duda. Esta es una pareja que vive en un lugar de contradicción constante: es una mala idea irse, pero también quedarse. Ahí es donde están la vulnerabilidad, la belleza, lo ridículo, lo patético y la verdad. Y es donde está la revolución. Porque es la manera opuesta a la que nos hablan nuestros políticos y en la que está cada vez más instalada la sociedad, donde todo es blanco o negro. A mí me interesa escribir textos y plantear situaciones donde los dos tienen la verdad o, al menos, donde más de una verdad tenga cabida.

Poco hablamos de la inspiración playera en el entretiempo

El conflicto del espectáculo está relacionado con abrir la pareja. ¿Es la primera vez que lo afectivo-sexual adquiere tanto peso en tu obra?

Yo quería poner el foco en el deseo en general, que también es algo muy generacional. Pero también en ese deseo constante de querer cambiar de profesión, de raparte el pelo de repente… ¿Es eso fruto del capitalismo y del sistema? ¿Es la naturaleza propia del ser humano o es un fracaso de la idea de pareja? No se sabe y yo no le encuentro solución, pero quería plantearlo.


¿Cuál será tu próximo proyecto?

Veo a la gente muy tristona, desesperanzada, desmotivada, o sea, con falta de fe. Quiero que mi próximo espectáculo sea sobre la fe entendida como algo a lo que agarrarse. Y sobre el deseo. Todo mi entorno ha tenido rupturas dolorosas y veo que la gente anda con miedo, sin ganas de meterse en otra relación porque no quieren volver a pasarlo mal. Y yo quiero animar las almas de la gente.

Firma invitada

Pablo Giraldo (Avilés, 1985) es periodista cultural, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y La Sapienza de Roma. Es colaborador habitual de la revista Vanity Fair y ha escrito para medios como Shangay, JotDown, RBA, S Moda o El Español, entre otros. También ha trabajado para festivales de artes escénicas como Madrid en Danza y Festival de Otoño y ha sido director de comunicación del Teatro Kamikaze.


En Cultura Revista SGAE nº19 tuvo un feliz encuentro con Lorena Nogal. Puedes recordarlo aquí


Fotografías

Yatir Fernández (apertura y playa)

Paula de la Iglesia (silla)

Bárbara Sánchez Palomero (ensayos)

Enlaces

Noemí Rodríguez

CDN: Al final de las cosas



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TEATRO EN LA BERLANGA 2026

Fundación SGAE inaugura su temporada escénica de otoño con Teatro en la Berlanga 2026. La propuesta de este año en nuestra sala madrileña presenta dos grandes ejes: el trigésimo aniversario del Ciclo SGAE de Lecturas Teatralizadas, con tres obras ganadoras de los Premios SGAE de Autoría 2025 y las incubadas en el 13º Laboratorio de Escritura Teatral 2025 de Fundación SGAE, y una nueva edición de Interautor Teatro 2026, programa de intercambio de obras dramáticas entre España, Argentina y Uruguay. A ellas se suma el estreno de Tu hija, escrita por Victoria Szpunberg, ganadora del Premio Max a Mejor autoría teatral 2026.


Tras cada lectura, el público tendrá la oportunidad de participar en un encuentro con los dramaturgos y el equipo artístico, moderados por los periodistas Paloma Cortina y Daniel Galindo (RNE).


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